ForoDelAnde
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El régimen de Ortega y Murillo continúa su política de aislamiento diplomático, expulsando al embajador español y respondiendo con la misma agresividad. La medida es un reflejo del desdén de la dictadura nicaragüense por las normas internacionales y su desconfianza hacia los mecanismos multilaterales.
Desde 2018, el régimen ha expulsado a representantes de la UE y el Vaticano, así como a organismos como la OEA y el Comité Internacional de la Cruz Roja. Este patrón de salidas forzadas ilustra un cálculo claro: Ortega rechaza someterse a escrutinios externos que lo incomoden o lo condenen.
La expulsión del embajador español es solo el síntoma de una dictadura que ha decidido romper los pocos puentes que aún quedaban con la comunidad internacional. El régimen nicaragüense ha construido un escenario en el que toda crítica es vista como una amenaza a su supervivencia, desde interna hasta externa.
El caso de Bayardo Arce, histórico sandinista detenido sin cargos formales, resalta este deterioro. Arce, de 76 años y exmiembro prominente del Frente Sandinista, fue detenido en julio de 2025 y permanece incomunicado, con mala salud y bajo condiciones que su familia califica de abusivas y peligrosas.
El aislamiento diplomático de Managua tiene implicaciones prácticas. La expulsión de observadores internacionales y el cierre de canales de diálogo limitan la entrada de cooperación, inversiones y apoyo en áreas críticas como salud, educación y derechos humanos. La economía nicaragüense sufre las consecuencias de este encierro: menos acceso a mercados, a financiamiento externo y a iniciativas multilaterales de apoyo.
Nicaragua se encierra paso a paso en un mundo propio, sin amistades claras y con pocos aliados firmes. La comunidad internacional enfrentará el desafío de encontrar una estrategia que combine firmeza con solidaridad hacia los nicaragüenses que sufren las consecuencias de este autoritarismo aislacionista.
El futuro de Nicaragua pende de la posibilidad de abrir puertas cerradas. Ese es el trabajo de las relaciones diplomáticas. Pero lo que está en juego no es solo la diplomacia, sino la esperanza de un pueblo entero que busca libertad, justicia y una vida digna.
Desde 2018, el régimen ha expulsado a representantes de la UE y el Vaticano, así como a organismos como la OEA y el Comité Internacional de la Cruz Roja. Este patrón de salidas forzadas ilustra un cálculo claro: Ortega rechaza someterse a escrutinios externos que lo incomoden o lo condenen.
La expulsión del embajador español es solo el síntoma de una dictadura que ha decidido romper los pocos puentes que aún quedaban con la comunidad internacional. El régimen nicaragüense ha construido un escenario en el que toda crítica es vista como una amenaza a su supervivencia, desde interna hasta externa.
El caso de Bayardo Arce, histórico sandinista detenido sin cargos formales, resalta este deterioro. Arce, de 76 años y exmiembro prominente del Frente Sandinista, fue detenido en julio de 2025 y permanece incomunicado, con mala salud y bajo condiciones que su familia califica de abusivas y peligrosas.
El aislamiento diplomático de Managua tiene implicaciones prácticas. La expulsión de observadores internacionales y el cierre de canales de diálogo limitan la entrada de cooperación, inversiones y apoyo en áreas críticas como salud, educación y derechos humanos. La economía nicaragüense sufre las consecuencias de este encierro: menos acceso a mercados, a financiamiento externo y a iniciativas multilaterales de apoyo.
Nicaragua se encierra paso a paso en un mundo propio, sin amistades claras y con pocos aliados firmes. La comunidad internacional enfrentará el desafío de encontrar una estrategia que combine firmeza con solidaridad hacia los nicaragüenses que sufren las consecuencias de este autoritarismo aislacionista.
El futuro de Nicaragua pende de la posibilidad de abrir puertas cerradas. Ese es el trabajo de las relaciones diplomáticas. Pero lo que está en juego no es solo la diplomacia, sino la esperanza de un pueblo entero que busca libertad, justicia y una vida digna.