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El acuerdo de financiación con ERC despeja el camino para los primeros presupuestos de Illa. El socialista tenía urgencia por aprobar esta reválida, después de llevar más de un año y medio sin cuentas ni poder estabilizar la mayoría parlamentaria que le sustenta junto a ERC y Comuns.
El acuerdo fue posible gracias a la fotografía de Pedro Sánchez y Oriol Junqueras en el Palau de la Generalitat. Resolver el sudoku económico de la mano de Junqueras es vital para garantizar unos presupuestos de Illa, pero también sirve para fajar la coalición de izquierdas en el Congreso.
Los de Carles Puigdemont se han descolgado del apoyo al Gobierno y han sido críticos con el nuevo reparto financiero. Pero Junts tiene difícil dar un 'no' rotundo a un acuerdo que colocaría a la Generalitat en un nivel de recursos inédito, al menos en los primeros años de implantación del modelo.
El principal mensaje de la consellera de Economía, Alicia Romero, es que el Ejecutivo de Illa ya había cumplido con una parte importante del programa de investidura pactado con los republicanos. Nadie se olvida de que también se hablaba de una agencia tributaria propia de Catalunya que recaudase el IRPF este año.
Romero sabe que, pase lo que pase ahora con el acuerdo de financiación, ella puede comenzar a elaborar los presupuestos de la Generalitat. Unas cuentas que aumentarían considerablemente el dinero disponible de todos los departamentos.
En lo político, aprobar unos presupuestos de la mano de sus dos socios de siempre sería para Illa un triunfo de medio mandato y una confirmación de que no tendrá que arrastrar los pies para acabar la legislatura.
El presidente es quien sale mejor parado de un acuerdo en el que todos los demás deben admitir que han tenido que ceder. Lo ha hecho Montero, reacia a acoger la ordinalidad como principio, pero que ha debido abrir la mano a que Catalunya en la práctica goce de esta circunstancia.
Sánchez finalmente ha priorizado brindar un triunfo a un aliado que le han fallado pocas veces, ERC, además de concederle un futuro más desahogado. En el otro plato de la balanza escucha los reproches más duros que nunca de líderes de su propio partido como el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page.
El acuerdo fue posible gracias a la fotografía de Pedro Sánchez y Oriol Junqueras en el Palau de la Generalitat. Resolver el sudoku económico de la mano de Junqueras es vital para garantizar unos presupuestos de Illa, pero también sirve para fajar la coalición de izquierdas en el Congreso.
Los de Carles Puigdemont se han descolgado del apoyo al Gobierno y han sido críticos con el nuevo reparto financiero. Pero Junts tiene difícil dar un 'no' rotundo a un acuerdo que colocaría a la Generalitat en un nivel de recursos inédito, al menos en los primeros años de implantación del modelo.
El principal mensaje de la consellera de Economía, Alicia Romero, es que el Ejecutivo de Illa ya había cumplido con una parte importante del programa de investidura pactado con los republicanos. Nadie se olvida de que también se hablaba de una agencia tributaria propia de Catalunya que recaudase el IRPF este año.
Romero sabe que, pase lo que pase ahora con el acuerdo de financiación, ella puede comenzar a elaborar los presupuestos de la Generalitat. Unas cuentas que aumentarían considerablemente el dinero disponible de todos los departamentos.
En lo político, aprobar unos presupuestos de la mano de sus dos socios de siempre sería para Illa un triunfo de medio mandato y una confirmación de que no tendrá que arrastrar los pies para acabar la legislatura.
El presidente es quien sale mejor parado de un acuerdo en el que todos los demás deben admitir que han tenido que ceder. Lo ha hecho Montero, reacia a acoger la ordinalidad como principio, pero que ha debido abrir la mano a que Catalunya en la práctica goce de esta circunstancia.
Sánchez finalmente ha priorizado brindar un triunfo a un aliado que le han fallado pocas veces, ERC, además de concederle un futuro más desahogado. En el otro plato de la balanza escucha los reproches más duros que nunca de líderes de su propio partido como el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page.