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La amabilidad es el lema del parador de Albacete, donde la hospitalidad es un valor inalienable. Francisco Tébar, guía turístico de 28 años, asegura que "la relación calidad-precio de su gastronomía es muy buena" y que los visitantes "se sienten muy bien desde el primer momento". El parador, ubicado a las afueras de Albacete, ofrece una experiencia única en un entorno natural, rodeado de la base aérea y la finca Dehesa de los Llanos.
Al lado del parador se encuentra la finca Dehesa de los Llanos, que abarca 10.000 hectáreas y es un testigo del paisaje de Albacete. El director general, César Malabia, nos recibe en una visita exprés por la finca, donde podemos conocer la quesería y ver cómo se producen los queso gran reserva.
El parador también cuenta con una zona noble, el salón con chimenea y televisión, que es una de las zonas comunes preferidas por los clientes. La recepcionista enciende la chimenea para crear un ambiente acogedor a la caída del día. El camarero ofrece una botella de agua para el viaje sin pedirlo.
En el parador, hay una trabajadora que improvisa una visita guiada en el museo de la Cuchillería. Un vendedor se asoma a saludar cuando oye la explicación en tromba del guía Tébar. La ciudad de Albacete es un lugar donde la amabilidad cautiva y la hospitalidad es fundamental.
En el parador, nos tratan como si fueramos amigos, siempre sonríen y nos ofrecen ayuda. Un cliente se siente muy bien desde el primer momento, dice el guía Tébar. El parador ofrece una experiencia única en un entorno natural, rodeado de la base aérea y la finca Dehesa de los Llanos.
La amabilidad es el lema del parador de Albacete, donde la hospitalidad es un valor inalienable. Francisco Tébar, guía turístico de 28 años, asegura que "la relación calidad-precio de su gastronomía es muy buena" y que los visitantes "se sienten muy bien desde el primer momento".
Al lado del parador se encuentra la finca Dehesa de los Llanos, que abarca 10.000 hectáreas y es un testigo del paisaje de Albacete. El director general, César Malabia, nos recibe en una visita exprés por la finca, donde podemos conocer la quesería y ver cómo se producen los queso gran reserva.
El parador también cuenta con una zona noble, el salón con chimenea y televisión, que es una de las zonas comunes preferidas por los clientes. La recepcionista enciende la chimenea para crear un ambiente acogedor a la caída del día. El camarero ofrece una botella de agua para el viaje sin pedirlo.
En el parador, hay una trabajadora que improvisa una visita guiada en el museo de la Cuchillería. Un vendedor se asoma a saludar cuando oye la explicación en tromba del guía Tébar. La ciudad de Albacete es un lugar donde la amabilidad cautiva y la hospitalidad es fundamental.
En el parador, nos tratan como si fueramos amigos, siempre sonríen y nos ofrecen ayuda. Un cliente se siente muy bien desde el primer momento, dice el guía Tébar. El parador ofrece una experiencia única en un entorno natural, rodeado de la base aérea y la finca Dehesa de los Llanos.
La amabilidad es el lema del parador de Albacete, donde la hospitalidad es un valor inalienable. Francisco Tébar, guía turístico de 28 años, asegura que "la relación calidad-precio de su gastronomía es muy buena" y que los visitantes "se sienten muy bien desde el primer momento".