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El imperio de la decadencia: cómo Trump se convierte en el dictador de la globalización
Donald Trump ya no disimula su codicia insaciable, que lo lleva a imitar al personaje de Chaplin, Adenoid Hinkel, el dictador que golpeaba con un globo terráqueo. La ironía es que tanto Trump como Hitler comparten una mezcla de grotesquería, narcisismo y manipulación.
La escena en la que Hinkel interpreta piruetas con el globo terráqueo mientras se entrena para el liderazgo mundial le recuerda a los delirios imperialistas de Trump. La visión de un líder que amenaza al mundo entero sin necesidad de justificación ni respeto por la ley internacional, nos hace reflexionar sobre el verdadero carácter de este político.
El secuestro de Nicolás Maduro y los bombardeos selectivos en Venezuela no diferencian mucho de la Blitzkrieg del régimen nazi. Una táctica de guerra que se caracteriza por golpear sin previo aviso, abusar de la fuerza contra un oponente más débil e ignorar el derecho internacional.
En este sentido, Stephen Miller, jefe adjunto del Gabinete de la Casa Blanca y protégé de Trump, nos recuerda al cinismo de Garbitsch, quien les enseñó a ambos que el verdadero poder radica en la fuerza y no en las sutilezas internacionales. La amnesia histórica de Trump es palpable cuando afirma que Estados Unidos no necesita excusas para apoderarse de Groenlandia.
La idea de que "somos una superpotencia" y que "las reglas del mundo" se basan en la fuerza, no en principios morales o legales, nos deja con la impresión de que Trump y su equipo están dispuestos a cualquier cosa para mantener su poder. Su liderazgo es un ejemplo perfecto de cómo la decadencia puede llevar al colapso de una sociedad.
La ironía es que el globo terráqueo explotó en la mente de Hinkel, lo que nos recuerda a la necesidad de ser realistas y enfrentar los peligros que se avecinan. Sin embargo, mientras Trump sigue adelante con su camino de imperialismo, parece haber perdido toda capacidad para entender el verdadero significado del poder y sus consecuencias.
La realidad es que estamos al borde de un abismo, y la única forma de evitarlo es recordar a nuestros líderes que el verdadero liderazgo radica en el respeto por la ley internacional, los derechos humanos y el bien común. La decadencia no puede ser aceptada como una opción para el futuro de nuestra sociedad.
Donald Trump ya no disimula su codicia insaciable, que lo lleva a imitar al personaje de Chaplin, Adenoid Hinkel, el dictador que golpeaba con un globo terráqueo. La ironía es que tanto Trump como Hitler comparten una mezcla de grotesquería, narcisismo y manipulación.
La escena en la que Hinkel interpreta piruetas con el globo terráqueo mientras se entrena para el liderazgo mundial le recuerda a los delirios imperialistas de Trump. La visión de un líder que amenaza al mundo entero sin necesidad de justificación ni respeto por la ley internacional, nos hace reflexionar sobre el verdadero carácter de este político.
El secuestro de Nicolás Maduro y los bombardeos selectivos en Venezuela no diferencian mucho de la Blitzkrieg del régimen nazi. Una táctica de guerra que se caracteriza por golpear sin previo aviso, abusar de la fuerza contra un oponente más débil e ignorar el derecho internacional.
En este sentido, Stephen Miller, jefe adjunto del Gabinete de la Casa Blanca y protégé de Trump, nos recuerda al cinismo de Garbitsch, quien les enseñó a ambos que el verdadero poder radica en la fuerza y no en las sutilezas internacionales. La amnesia histórica de Trump es palpable cuando afirma que Estados Unidos no necesita excusas para apoderarse de Groenlandia.
La idea de que "somos una superpotencia" y que "las reglas del mundo" se basan en la fuerza, no en principios morales o legales, nos deja con la impresión de que Trump y su equipo están dispuestos a cualquier cosa para mantener su poder. Su liderazgo es un ejemplo perfecto de cómo la decadencia puede llevar al colapso de una sociedad.
La ironía es que el globo terráqueo explotó en la mente de Hinkel, lo que nos recuerda a la necesidad de ser realistas y enfrentar los peligros que se avecinan. Sin embargo, mientras Trump sigue adelante con su camino de imperialismo, parece haber perdido toda capacidad para entender el verdadero significado del poder y sus consecuencias.
La realidad es que estamos al borde de un abismo, y la única forma de evitarlo es recordar a nuestros líderes que el verdadero liderazgo radica en el respeto por la ley internacional, los derechos humanos y el bien común. La decadencia no puede ser aceptada como una opción para el futuro de nuestra sociedad.