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La libertad de trabajar por cuenta propia puede ser un arma poderosa, pero también una trampa. Dolors Liria, vicedecana del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya y psicóloga especializada en el trabajo y las organizaciones, nos advierte que la soledad es una gran vulnerabilidad del autónomo. "Somos seres sociales", explica, "y cuando trabajas siempre sola, sin espacios para compartir dificultades o alegrías, puedes acabar en aislamiento".
El autónomo es el proveedor, pero también el comercial, el gestor y el responsable de marketing. Esto significa que tiene un exceso de tareas y responsabilidades, lo que hace que muchos lleguen tarde al médico, pospongan el autocuidado o normalicen síntomas que deberían alertar como el cansancio permanente, los despertares nocturnos pensando en el trabajo o la irritabilidad.
La incertidumbre económica y la presión fiscal son fuentes de estrés comunes. La falta de apoyo institucional y la cultura de la hiperproductividad también contribuyen a que cuidarse no sea siempre viable. "No podemos pensar que el autocuidado lo resuelve todo", advierte Liria.
Pero hay espacios posibles para encontrar soluciones. Marina Rizo, diseñadora de producto digital freelance, encuentra momentos sociales como tomar un café con un amigo o salir a pasear ayuda mucho. Los límites son clave: "para mí es básico dejar claro desde el principio qué haré y cuándo", explica.
Liria coincide que cada autónomo debe encontrar su propia fórmula para separar vida y trabajo, aunque trabaje desde casa. "No hay una única manera", destaca, "lo importante es escucharse, identificar cuando estás pasando del límite y poner el freno de mano".
Y así resume Liria en una frase que podría ser un principio de supervivencia emocional para cualquier autónomo: "el trabajo lo hacemos para ganar dinero, pero también tenemos que estar bien en él. Lo más importante es que tú estés bien".
El autónomo es el proveedor, pero también el comercial, el gestor y el responsable de marketing. Esto significa que tiene un exceso de tareas y responsabilidades, lo que hace que muchos lleguen tarde al médico, pospongan el autocuidado o normalicen síntomas que deberían alertar como el cansancio permanente, los despertares nocturnos pensando en el trabajo o la irritabilidad.
La incertidumbre económica y la presión fiscal son fuentes de estrés comunes. La falta de apoyo institucional y la cultura de la hiperproductividad también contribuyen a que cuidarse no sea siempre viable. "No podemos pensar que el autocuidado lo resuelve todo", advierte Liria.
Pero hay espacios posibles para encontrar soluciones. Marina Rizo, diseñadora de producto digital freelance, encuentra momentos sociales como tomar un café con un amigo o salir a pasear ayuda mucho. Los límites son clave: "para mí es básico dejar claro desde el principio qué haré y cuándo", explica.
Liria coincide que cada autónomo debe encontrar su propia fórmula para separar vida y trabajo, aunque trabaje desde casa. "No hay una única manera", destaca, "lo importante es escucharse, identificar cuando estás pasando del límite y poner el freno de mano".
Y así resume Liria en una frase que podría ser un principio de supervivencia emocional para cualquier autónomo: "el trabajo lo hacemos para ganar dinero, pero también tenemos que estar bien en él. Lo más importante es que tú estés bien".