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"La desidealización parental: un paso hacia la independencia".
En los primeros años de vida, los niños y niñas ven a sus padres como figuras perfectas, sin error alguno. Pero con el paso del tiempo, comienzan a darse cuenta de que sus progenitores también pueden cometer errores. Esto es un proceso psicológico natural que se conoce como desidealización parental.
Alrededor de los seis o siete años, los niños empiezan a entender que sus padres no son perfectos, pero todavía no son capaces de criticar sus acciones. Es entonces cuando comienzan a desarrollar su propia opinión y a cuestionar las ideas de sus padres.
En la adolescencia, esta crítica se vuelve más fuerte y los jóvenes comienzan a buscar la coherencia entre lo que dicen sus padres y lo que hacen. Es en este momento cuando la autonomía emocional es fundamental para el desarrollo del joven.
La desidealización parental es un paso hacia la independencia, pero también puede ser un momento de decepción y frustración para los jóvenes. Los padres deben aprender a manejar esta situación y enseñar a sus hijos a cuestionar y a criticar constructivamente.
En algunos casos, este proceso puede traspasar la barrera del respeto y convertirse en una percepción de pérdida de autoridad. En estos momentos, los padres deben trabajar para generar un diálogo asertivo con sus hijos y enseñarles a expresarse de manera respetuosa.
La clave para superar este momento es la coherencia en el estilo de crianza entre ambos padres y la capacidad de aprender a gestionar las emociones. Los jóvenes necesitan sentir que su opinión y necesidades son valoradas y respetadas.
En resumen, la desidealización parental es un proceso natural del desarrollo infantil, pero requiere una gestión cuidadosa por parte de los padres para asegurarse de que el joven se desarrolle de manera saludable y respetuosa.
En los primeros años de vida, los niños y niñas ven a sus padres como figuras perfectas, sin error alguno. Pero con el paso del tiempo, comienzan a darse cuenta de que sus progenitores también pueden cometer errores. Esto es un proceso psicológico natural que se conoce como desidealización parental.
Alrededor de los seis o siete años, los niños empiezan a entender que sus padres no son perfectos, pero todavía no son capaces de criticar sus acciones. Es entonces cuando comienzan a desarrollar su propia opinión y a cuestionar las ideas de sus padres.
En la adolescencia, esta crítica se vuelve más fuerte y los jóvenes comienzan a buscar la coherencia entre lo que dicen sus padres y lo que hacen. Es en este momento cuando la autonomía emocional es fundamental para el desarrollo del joven.
La desidealización parental es un paso hacia la independencia, pero también puede ser un momento de decepción y frustración para los jóvenes. Los padres deben aprender a manejar esta situación y enseñar a sus hijos a cuestionar y a criticar constructivamente.
En algunos casos, este proceso puede traspasar la barrera del respeto y convertirse en una percepción de pérdida de autoridad. En estos momentos, los padres deben trabajar para generar un diálogo asertivo con sus hijos y enseñarles a expresarse de manera respetuosa.
La clave para superar este momento es la coherencia en el estilo de crianza entre ambos padres y la capacidad de aprender a gestionar las emociones. Los jóvenes necesitan sentir que su opinión y necesidades son valoradas y respetadas.
En resumen, la desidealización parental es un proceso natural del desarrollo infantil, pero requiere una gestión cuidadosa por parte de los padres para asegurarse de que el joven se desarrolle de manera saludable y respetuosa.