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Un nuevo capítulo de la historia de la región se está escribiendo con las maniobras de Donald Trump, quien reactivó la tutela de Estados Unidos sobre Centroamérica. El ex presidente republicano ha insinuado que Washington podría retomar el control del Canal de Panamá, una zona clave para la navegación marítima global.
La política de presión impuesta por Trump es un giro retroceso en la historia de la región, donde Estados Unidos ha sido una potencia dominante durante décadas. La inmensa mayoría de los países centroamericanos han expuesto su descontento hacia el nuevo curso de acción estadounidense.
El Canal de Panamá se convirtió en un símbolo de esta nueva era de intervención, cuando Trump acusó al gobierno panameño de cobrar tarifas "exorbitantes" a los buques estadounidenses. El presidente panameño rechazó las afirmaciones y dijo que el canal es y seguirá siendo de Panamá.
La política de presión impuesta por Trump ha sido descrita como una forma de adueñarse del canal, sin necesidad de intervención directa. Según expertos, esta estrategia se basa en la imposición de condiciones preferenciales para los buques estadounidenses y la capacidad de monitorear el tránsito marítimo.
Trump también irrumpió explícitamente en las elecciones presidenciales de Honduras, apoyando al candidato conservador Nasry Asfura. El ex presidente ha sido acusado de interferir en el proceso electoral y de indultar al expresidente Juan Orlando Hernández, condenado en Nueva York a 45 años de prisión por sus vínculos con el narcotráfico.
La política de presión impuesta por Trump se ha interpretada como un intento por contrarrestar la creciente influencia de China en lo que Washington sigue considerando su zona natural de influencia. La región centroamericana, atravesada por rutas comerciales clave y urgida de inversiones, se ha convertido en un tablero donde se juega parte de la disputa global entre potencias.
En Costa Rica, se celebrarán elecciones el 1 de febrero, mientras que en El Salvador Nayib Bukele mantiene una relación privilegiada con Washington. Honduras también reviste un interés particular por albergar la única base militar estadounidense en Centroamérica.
La política de presión impuesta por Trump sobre Nicaragua ha sido limitada, ya que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo coopera con Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, las señales de presión existen y Ortega liberó recientemente a varios presos políticos.
La región centroamericana observa cómo Estados Unidos reaparece con una política descarnada, tras décadas de democracia y derechos humanos.
La política de presión impuesta por Trump es un giro retroceso en la historia de la región, donde Estados Unidos ha sido una potencia dominante durante décadas. La inmensa mayoría de los países centroamericanos han expuesto su descontento hacia el nuevo curso de acción estadounidense.
El Canal de Panamá se convirtió en un símbolo de esta nueva era de intervención, cuando Trump acusó al gobierno panameño de cobrar tarifas "exorbitantes" a los buques estadounidenses. El presidente panameño rechazó las afirmaciones y dijo que el canal es y seguirá siendo de Panamá.
La política de presión impuesta por Trump ha sido descrita como una forma de adueñarse del canal, sin necesidad de intervención directa. Según expertos, esta estrategia se basa en la imposición de condiciones preferenciales para los buques estadounidenses y la capacidad de monitorear el tránsito marítimo.
Trump también irrumpió explícitamente en las elecciones presidenciales de Honduras, apoyando al candidato conservador Nasry Asfura. El ex presidente ha sido acusado de interferir en el proceso electoral y de indultar al expresidente Juan Orlando Hernández, condenado en Nueva York a 45 años de prisión por sus vínculos con el narcotráfico.
La política de presión impuesta por Trump se ha interpretada como un intento por contrarrestar la creciente influencia de China en lo que Washington sigue considerando su zona natural de influencia. La región centroamericana, atravesada por rutas comerciales clave y urgida de inversiones, se ha convertido en un tablero donde se juega parte de la disputa global entre potencias.
En Costa Rica, se celebrarán elecciones el 1 de febrero, mientras que en El Salvador Nayib Bukele mantiene una relación privilegiada con Washington. Honduras también reviste un interés particular por albergar la única base militar estadounidense en Centroamérica.
La política de presión impuesta por Trump sobre Nicaragua ha sido limitada, ya que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo coopera con Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, las señales de presión existen y Ortega liberó recientemente a varios presos políticos.
La región centroamericana observa cómo Estados Unidos reaparece con una política descarnada, tras décadas de democracia y derechos humanos.