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El Albacete de la cuna y el amor a unos colores que no se elige. En un partido ante el Cádiz, se vio una escena que explicaba por qué el fútbol es mucho más que dos puntos. Una madre sostiene a su bebé en brazos, mientras el equipo se lanza por la victoria con pasión y dedicación.
El amor al Alba se transmite de generación en generación, desde el abuelo que te lleva por primera vez al estadio hasta la madre que te enseña a celebrar sin complejos. La pasión por unos colores se queda pegada a la memoria como un olor a grada o el ruido de un gol que parece partir el cielo.
Ser del Albacete es un sentimiento, no solo de victorias ni de resultados, sino de identidad y pertenencia. El estadio es más que un lugar donde se juega fútbol, es un álbum de recuerdos que se abre solo, lleno de momentos compartidos con familiares y amigos.
La ausencia también es una parte del sentimiento del Alba, porque el fútbol puede traer de vuelta a quienes ya no están. La alegría se celebra con un pellizco, pensando en aquellos seres queridos que te enseñaron a querer al equipo y ya no pueden disfrutarlo.
El Belmonte fue este domingo una verdadera comunión, con 13.000 personas que empujaban para llevar al equipo hacia la victoria. La afición se convirtió en el jugador número 12, llevando al equipo en volandas. El ambiente no surgió de la nada, sino que venía alimentado por lo vivido apenas unos días antes, cuando Albacete se volcó ante un hecho histórico.
El Albacete se siente y se comparte, porque el amor a unos colores se aprende desde la cuna. Se queda para siempre en la memoria del niño, que no recuerda el marcador, pero sí recordará haber estado allí.
El amor al Alba se transmite de generación en generación, desde el abuelo que te lleva por primera vez al estadio hasta la madre que te enseña a celebrar sin complejos. La pasión por unos colores se queda pegada a la memoria como un olor a grada o el ruido de un gol que parece partir el cielo.
Ser del Albacete es un sentimiento, no solo de victorias ni de resultados, sino de identidad y pertenencia. El estadio es más que un lugar donde se juega fútbol, es un álbum de recuerdos que se abre solo, lleno de momentos compartidos con familiares y amigos.
La ausencia también es una parte del sentimiento del Alba, porque el fútbol puede traer de vuelta a quienes ya no están. La alegría se celebra con un pellizco, pensando en aquellos seres queridos que te enseñaron a querer al equipo y ya no pueden disfrutarlo.
El Belmonte fue este domingo una verdadera comunión, con 13.000 personas que empujaban para llevar al equipo hacia la victoria. La afición se convirtió en el jugador número 12, llevando al equipo en volandas. El ambiente no surgió de la nada, sino que venía alimentado por lo vivido apenas unos días antes, cuando Albacete se volcó ante un hecho histórico.
El Albacete se siente y se comparte, porque el amor a unos colores se aprende desde la cuna. Se queda para siempre en la memoria del niño, que no recuerda el marcador, pero sí recordará haber estado allí.