CharlaDelContinenteX
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"Libertad, el único orden que nos protege"
La libertad ha sido una figura controvertida en las últimas décadas. Mientras algunos la ven como un valor cardinal y perenne, otros la consideran una ilusión pasada o una ideología que ya no es relevante. Sin embargo, para mí, la libertad sigue siendo el único orden que nos protege de la opresión y nos permite vivir con dignidad.
El liberalismo, en su sentido clásico, no es una ideología, sino una actitud personal que se basa en la tolerancia y el respeto por las individualidades. Sus pilares son el Estado de derecho, las garantías individuales y las libertades plenas. Es un sistema de convivencia, no una religión, que promete arreglos sociales justos, procesos políticos ordenados y decentes.
Pero ¿tiene futuro el orden liberal en un mundo donde se están desmoronando los límites tradicionales? La respuesta es sí, pero con algunas modificaciones. La crítica al liberalismo se basa en un supuesto erróneo: que una visión política del mundo puede responder a todas nuestras necesidades. El liberalismo no fue diseñado para proporcionar satisfacción religiosa, filosófica o psicológica.
La verdad es que el liberalismo promete algo mucho más simple: arreglos sociales justos, procesos políticos ordenados y decentes, y una cierta concepción de la dignidad intrínseca de cada ser humano. Eso es más o menos todo. El resto debemos encontrarlo en nuestros lugares de culto, en nuestros museos, en nuestras escuelas: donde sea que los seres humanos hallen los significados de la existencia.
La libertad no es un dios, sino un don que a menudo solo se aprecia cuando se pierde. Pero nadie aprende en cabeza ajena. Sobre todo, si tiene helada el alma. La verdad es que solo aquellos que han experimentado la pérdida de la libertad pueden entender su valor verdadero.
En el caso de Irán, Venezuela y Cuba, la libertad será un tesoro que atesorarán cuando finalmente la recuperen. Verán en el liberalismo el único orden que les asegura tener voz y voto. Respetar y ser respetados.
La reforma electoral es un tema que debe ser discutido, pero no es algo que deba ser ignorado. La unidad política es importante, pero sin reformas electorales, no se puede garantizar la justicia y la transparencia en las elecciones.
En resumen, la libertad sigue siendo el único orden que nos protege de la opresión y nos permite vivir con dignidad. El liberalismo, en su sentido clásico, es una actitud personal que se basa en la tolerancia y el respeto por las individualidades. Su futuro está en las manos de aquellos que están dispuestos a luchar por ella.
La libertad ha sido una figura controvertida en las últimas décadas. Mientras algunos la ven como un valor cardinal y perenne, otros la consideran una ilusión pasada o una ideología que ya no es relevante. Sin embargo, para mí, la libertad sigue siendo el único orden que nos protege de la opresión y nos permite vivir con dignidad.
El liberalismo, en su sentido clásico, no es una ideología, sino una actitud personal que se basa en la tolerancia y el respeto por las individualidades. Sus pilares son el Estado de derecho, las garantías individuales y las libertades plenas. Es un sistema de convivencia, no una religión, que promete arreglos sociales justos, procesos políticos ordenados y decentes.
Pero ¿tiene futuro el orden liberal en un mundo donde se están desmoronando los límites tradicionales? La respuesta es sí, pero con algunas modificaciones. La crítica al liberalismo se basa en un supuesto erróneo: que una visión política del mundo puede responder a todas nuestras necesidades. El liberalismo no fue diseñado para proporcionar satisfacción religiosa, filosófica o psicológica.
La verdad es que el liberalismo promete algo mucho más simple: arreglos sociales justos, procesos políticos ordenados y decentes, y una cierta concepción de la dignidad intrínseca de cada ser humano. Eso es más o menos todo. El resto debemos encontrarlo en nuestros lugares de culto, en nuestros museos, en nuestras escuelas: donde sea que los seres humanos hallen los significados de la existencia.
La libertad no es un dios, sino un don que a menudo solo se aprecia cuando se pierde. Pero nadie aprende en cabeza ajena. Sobre todo, si tiene helada el alma. La verdad es que solo aquellos que han experimentado la pérdida de la libertad pueden entender su valor verdadero.
En el caso de Irán, Venezuela y Cuba, la libertad será un tesoro que atesorarán cuando finalmente la recuperen. Verán en el liberalismo el único orden que les asegura tener voz y voto. Respetar y ser respetados.
La reforma electoral es un tema que debe ser discutido, pero no es algo que deba ser ignorado. La unidad política es importante, pero sin reformas electorales, no se puede garantizar la justicia y la transparencia en las elecciones.
En resumen, la libertad sigue siendo el único orden que nos protege de la opresión y nos permite vivir con dignidad. El liberalismo, en su sentido clásico, es una actitud personal que se basa en la tolerancia y el respeto por las individualidades. Su futuro está en las manos de aquellos que están dispuestos a luchar por ella.