La solución al problema del mal olor corporal está en los antiodorantes, no desodorantes ni antitranspirantes. Aunque estos últimos pueden disimular el olor o bloquear la transpiración, no abordan la causa subyacente: la microbiota de la piel que se alimenta del sudor y lo convierte en un producto volátil con mal olor.
La relación entre la microbiota corporal y el sudor es fundamental para entender por qué los antiodorantes son la mejor opción. Los microbios de la piel se alimentan del sudor, descomponiéndolo en sustancias volátiles que producen el mal olor. Es decir, el sudor no es el problema, sino la microbiota que lo convierte en un mal olores.
La química y divulgadora científica Deborah García destaca que "cada ser humano tiene una microbiota diferente, algo así como una huella dactilar". Estas bacterias necesarias para el equilibrio y protección de la piel se establecen en el momento del nacimiento y evolucionan a lo largo de la vida. Cuando esta comunidad de microorganismos se descompone, se genera un desequilibrio o disbiosis que aumenta el mal olor del sudor.
Los antiodorantes actúan sobre la causa del mal olor sin impedir que la piel transpire. Regulan la microbiota axilar para evitar que las bacterias se reproduzcan en exceso, respetando así el proceso natural de sudoración y manteniendo la piel en equilibrio.
El laboratorio de cosmética Armonía ha creado un antiodorante que reduce la población de las principales bacterias identificadas como responsables del mal olor corporal. Este cambio crea un nuevo microbioma donde se desarrollan otras bacterias necesarias para el equilibrio y protección de la piel, provocando a su vez el retraso de aquellas bacterias y sus derivados orgánicos metabolizados responsables del mal olor persistente.
En resumen, los antiodorantes son la mejor opción para combatir el mal olor corporal. Al regular la microbiota axilar y neutralizar las bacterias que producen el mal olores, estos productos protegen el equilibrio natural de la piel y previenen la disbiosis causante del mal olor.
La relación entre la microbiota corporal y el sudor es fundamental para entender por qué los antiodorantes son la mejor opción. Los microbios de la piel se alimentan del sudor, descomponiéndolo en sustancias volátiles que producen el mal olor. Es decir, el sudor no es el problema, sino la microbiota que lo convierte en un mal olores.
La química y divulgadora científica Deborah García destaca que "cada ser humano tiene una microbiota diferente, algo así como una huella dactilar". Estas bacterias necesarias para el equilibrio y protección de la piel se establecen en el momento del nacimiento y evolucionan a lo largo de la vida. Cuando esta comunidad de microorganismos se descompone, se genera un desequilibrio o disbiosis que aumenta el mal olor del sudor.
Los antiodorantes actúan sobre la causa del mal olor sin impedir que la piel transpire. Regulan la microbiota axilar para evitar que las bacterias se reproduzcan en exceso, respetando así el proceso natural de sudoración y manteniendo la piel en equilibrio.
El laboratorio de cosmética Armonía ha creado un antiodorante que reduce la población de las principales bacterias identificadas como responsables del mal olor corporal. Este cambio crea un nuevo microbioma donde se desarrollan otras bacterias necesarias para el equilibrio y protección de la piel, provocando a su vez el retraso de aquellas bacterias y sus derivados orgánicos metabolizados responsables del mal olor persistente.
En resumen, los antiodorantes son la mejor opción para combatir el mal olor corporal. Al regular la microbiota axilar y neutralizar las bacterias que producen el mal olores, estos productos protegen el equilibrio natural de la piel y previenen la disbiosis causante del mal olor.