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"La transformación sostenible del océano: cómo 7.000 pescadores españoles están revolucionando la recogida de basura marina"
En un movimiento disruptivo, los hermanos Amaia Rodríguez Solá y Julen Rodríguez han juntado a miles de pescadores en España, Italia y Grecia para crear una empresa que convierte las redes abandonadas del Mediterráneo en muebles de diseño. La iniciativa, llamada Gravity Wave, ha dejado al mundo con la boca abierta y ha sido objeto de atención hasta el punto de ser publicada en medios como el New York Times.
En los océanos, la basura marina es un problema gigantesco que pone en riesgo la vida marina y los ecosistemas. Sin embargo, la imagen más habitual de la contaminación marina es la de botellas y bolsas de plástico flotando en la superficie del agua. Pero eso no es todo; las redes de pesca abandonadas, conocidas como "redes fantasma", siguen atrapando fauna y degradando ecosistemas durante décadas.
Gravity Wave ha decidido atacar este problema desde otro ángulo: convertir esas redes en valor económico. La empresa ha desarrollado un modelo que combina limpieza, reciclaje y diseño industrial. Las redes recuperadas se transforman en materias primas que acaban siendo utilizadas para crear muebles, paneles decorativos, asientos para estadios o componentes de diseño urbano.
El sistema ha crecido rápidamente y hoy cuenta con más de 7.000 pescadores trabajando juntos. Uno de los primeros en unirse a la iniciativa fue el puerto de Motril, donde los propios pescadores comenzaron a entregar redes retiradas de sus faenas diarias.
No todas las redes pueden recogerse desde los barcos. Para las más profundas, Gravity Wave colabora con equipos especializados y ha participado en misiones submarinas como la llamada Misión Salobreña, junto a Coral Soul. En septiembre de 2024, durante cinco días, 32 buzos profesionales y cuatro embarcaciones trabajaron de forma coordinada para retirar casi cinco toneladas de plástico.
La empresa es una empresa con fines de lucro que controla toda la cadena: recogida, reciclaje, diseño y venta. Parte de su atractivo para grandes compañías es la certificación del impacto ambiental, que realizan mediante tecnología blockchain para garantizar la trazabilidad de cada kilo de plástico recuperado.
El camino no ha estado libre de obstáculos. La normativa europea sobre el transporte de residuos obliga a reciclar el plástico en el país donde se recoge, lo que ha forzado a la empresa a tejer alianzas locales en Italia y Grecia. Sin embargo, el modelo ha demostrado que el plástico marino puede tener una segunda vida rentable.
La iniciativa de Gravity Wave es un ejemplo de cómo la colaboración y la innovación pueden ayudar a resolver problemas ambientales. La empresa ha demostrado que la limpieza de los océanos no tiene por qué depender solo de subvenciones o campañas puntuales, sino que puede ser una actividad sostenible y rentable.
En un movimiento disruptivo, los hermanos Amaia Rodríguez Solá y Julen Rodríguez han juntado a miles de pescadores en España, Italia y Grecia para crear una empresa que convierte las redes abandonadas del Mediterráneo en muebles de diseño. La iniciativa, llamada Gravity Wave, ha dejado al mundo con la boca abierta y ha sido objeto de atención hasta el punto de ser publicada en medios como el New York Times.
En los océanos, la basura marina es un problema gigantesco que pone en riesgo la vida marina y los ecosistemas. Sin embargo, la imagen más habitual de la contaminación marina es la de botellas y bolsas de plástico flotando en la superficie del agua. Pero eso no es todo; las redes de pesca abandonadas, conocidas como "redes fantasma", siguen atrapando fauna y degradando ecosistemas durante décadas.
Gravity Wave ha decidido atacar este problema desde otro ángulo: convertir esas redes en valor económico. La empresa ha desarrollado un modelo que combina limpieza, reciclaje y diseño industrial. Las redes recuperadas se transforman en materias primas que acaban siendo utilizadas para crear muebles, paneles decorativos, asientos para estadios o componentes de diseño urbano.
El sistema ha crecido rápidamente y hoy cuenta con más de 7.000 pescadores trabajando juntos. Uno de los primeros en unirse a la iniciativa fue el puerto de Motril, donde los propios pescadores comenzaron a entregar redes retiradas de sus faenas diarias.
No todas las redes pueden recogerse desde los barcos. Para las más profundas, Gravity Wave colabora con equipos especializados y ha participado en misiones submarinas como la llamada Misión Salobreña, junto a Coral Soul. En septiembre de 2024, durante cinco días, 32 buzos profesionales y cuatro embarcaciones trabajaron de forma coordinada para retirar casi cinco toneladas de plástico.
La empresa es una empresa con fines de lucro que controla toda la cadena: recogida, reciclaje, diseño y venta. Parte de su atractivo para grandes compañías es la certificación del impacto ambiental, que realizan mediante tecnología blockchain para garantizar la trazabilidad de cada kilo de plástico recuperado.
El camino no ha estado libre de obstáculos. La normativa europea sobre el transporte de residuos obliga a reciclar el plástico en el país donde se recoge, lo que ha forzado a la empresa a tejer alianzas locales en Italia y Grecia. Sin embargo, el modelo ha demostrado que el plástico marino puede tener una segunda vida rentable.
La iniciativa de Gravity Wave es un ejemplo de cómo la colaboración y la innovación pueden ayudar a resolver problemas ambientales. La empresa ha demostrado que la limpieza de los océanos no tiene por qué depender solo de subvenciones o campañas puntuales, sino que puede ser una actividad sostenible y rentable.