TertuliaLatamX
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Si paseas atento por una zona de huerta durante estos meses de invierno, verás que las protagonistas son casi todas de color verde, blanco y morado: espinacas, lechugas, alcachofas, habas, apios, acelgas y coles. Una familia de hortalizas que no es precisamente la que más adeptos tiene. La culpa la tiene sobre todo la mala fama que se ha ganado por los fuertes olores que desprende al ser cocinada.
El repollo blanco o Brassica oleracea var. capitata es una de las coles que están ahora mismo de temporada y que podemos consumir de distintas maneras: cocida, salteada, en encurtidos como el chucrut o incluso cruda bien aderezada en una ensalada. Su consumo está cargado de beneficios. Según un estudio científico, tiene una elevada capacidad antioxidante y vitamina C. Y es fuente de fibra y minerales como el potasio.
A pesar de no contar con muchos adeptos, el repollo es una de las hortalizas más antiguas cultivada en Europa y es la base de muchas recetas como el repollo fermentado típico en Alemania o Polonia, las hojas de col rellenas de carne de Rumania o Chequia, algunos guisos italianos o franceses o el cocido madrileño.
Una de las razones que más pueden tirar para atrás a la hora de echar un repollo al cesto de la compra es el olor que genera cuando se cocina y que se tiene lugar cuando lo hervimos por mucho tiempo porque se liberan unos compuestos sulfurosos que pueden invadir buena parte de la casa si no ventilas bien la estancia de la cocina.
Para evitar que se produzca esa sensación tan intensa, y para mejorar la textura y los aromas de la col, puedes tomar nota de algunos consejos: evita hervirlo mucho tiempo, utiliza otras técnicas como los salteados, al vapor o al horno y utiliza algunos aderezos como la mantequilla o el aceite de oliva, el vinagre o el limón y especias como el pimentón, el comino o la nuez moscada.
Una receta muy fácil es el repollo salteado con ajo y pimentón. Es una guarnición perfecta para acompañar cualquier plato principal. Lo primero que haremos será retirar las hojas más exteriores de la col, que pueden estar dañadas. Troceamos en tiras finas el repollo y lo lavamos bien bajo el chorro de agua fría del grifo.
Secamos y mientras calentamos el aceite de oliva en una sartén, vertemos el repollo y lo rehogamos durante unos 10 minutos. Transcurrido ese tiempo, añadimos los ajos finamente picados. Salteamos de nuevo y cuando esté listo retiramos del fuego, añadimos el pimentón, mezclamos bien y si queremos añadimos el vinagre o el zumo de limón y ya lo tenemos a punto para servir.
Otra receta muy sencilla es la lombarda estofada con manzana. Requiere más tiempo que la anterior, pero el resultado vale la pena. Cortamos la cebolla y la lombarda en juliana, en tiras finas, y la manzana en daditos.
Primero salteamos la cebolla, y cuando empiece a dorarse añadimos la lombarda y la manzana. Integramos todo bien y vertemos el agua. Dejamos cocinar tapado unos 20 o 30 minutos. Pasado ese tiempo añadimos el vinagre y el azúcar, destapamos y cocinamos otros cinco o diez minutos a fuego lento.
Y por último tenemos la salsa para pasta con coliflor que es una forma de comer esta hortaliza sin darse cuenta. Separa en ramilletes la coliflor y límpiala bien. Sofríela junto con los ajos cortados en láminas. Seguidamente, cúbrela con agua y ponla a cocer.
Tritura todo bien, añade las especias, queso rallado tipo parmesano o levadura nutricional y judías blancas ya cocidas. Ajusta la textura con el agua sobrante de la cocción de la pasta. Ahora solo queda servir tu pasta con esta salsa tan exquisita.
El repollo blanco o Brassica oleracea var. capitata es una de las coles que están ahora mismo de temporada y que podemos consumir de distintas maneras: cocida, salteada, en encurtidos como el chucrut o incluso cruda bien aderezada en una ensalada. Su consumo está cargado de beneficios. Según un estudio científico, tiene una elevada capacidad antioxidante y vitamina C. Y es fuente de fibra y minerales como el potasio.
A pesar de no contar con muchos adeptos, el repollo es una de las hortalizas más antiguas cultivada en Europa y es la base de muchas recetas como el repollo fermentado típico en Alemania o Polonia, las hojas de col rellenas de carne de Rumania o Chequia, algunos guisos italianos o franceses o el cocido madrileño.
Una de las razones que más pueden tirar para atrás a la hora de echar un repollo al cesto de la compra es el olor que genera cuando se cocina y que se tiene lugar cuando lo hervimos por mucho tiempo porque se liberan unos compuestos sulfurosos que pueden invadir buena parte de la casa si no ventilas bien la estancia de la cocina.
Para evitar que se produzca esa sensación tan intensa, y para mejorar la textura y los aromas de la col, puedes tomar nota de algunos consejos: evita hervirlo mucho tiempo, utiliza otras técnicas como los salteados, al vapor o al horno y utiliza algunos aderezos como la mantequilla o el aceite de oliva, el vinagre o el limón y especias como el pimentón, el comino o la nuez moscada.
Una receta muy fácil es el repollo salteado con ajo y pimentón. Es una guarnición perfecta para acompañar cualquier plato principal. Lo primero que haremos será retirar las hojas más exteriores de la col, que pueden estar dañadas. Troceamos en tiras finas el repollo y lo lavamos bien bajo el chorro de agua fría del grifo.
Secamos y mientras calentamos el aceite de oliva en una sartén, vertemos el repollo y lo rehogamos durante unos 10 minutos. Transcurrido ese tiempo, añadimos los ajos finamente picados. Salteamos de nuevo y cuando esté listo retiramos del fuego, añadimos el pimentón, mezclamos bien y si queremos añadimos el vinagre o el zumo de limón y ya lo tenemos a punto para servir.
Otra receta muy sencilla es la lombarda estofada con manzana. Requiere más tiempo que la anterior, pero el resultado vale la pena. Cortamos la cebolla y la lombarda en juliana, en tiras finas, y la manzana en daditos.
Primero salteamos la cebolla, y cuando empiece a dorarse añadimos la lombarda y la manzana. Integramos todo bien y vertemos el agua. Dejamos cocinar tapado unos 20 o 30 minutos. Pasado ese tiempo añadimos el vinagre y el azúcar, destapamos y cocinamos otros cinco o diez minutos a fuego lento.
Y por último tenemos la salsa para pasta con coliflor que es una forma de comer esta hortaliza sin darse cuenta. Separa en ramilletes la coliflor y límpiala bien. Sofríela junto con los ajos cortados en láminas. Seguidamente, cúbrela con agua y ponla a cocer.
Tritura todo bien, añade las especias, queso rallado tipo parmesano o levadura nutricional y judías blancas ya cocidas. Ajusta la textura con el agua sobrante de la cocción de la pasta. Ahora solo queda servir tu pasta con esta salsa tan exquisita.