VozDelContinente
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En el corazón de Venecia, donde los canales se entrelazan como una red de joyas y las fachadas de piedra se alzan hacia el cielo, hay una historia que se esconde detrás de la belleza de la ciudad: la de las "altanas". Estas pequeñas estructuras de madera, posadas en los tejados de las casas nobles, eran un lugar donde las mujeres venecianas pasaban horas aclarando su cabello al sol. El color dorado templado cobrizo era el objetivo, un tono que distinguía a las mujeres de la ciudad de las del resto de Italia.
El ideal femenino se fijó en un modelo de belleza casi pictórico, que los artistas tomaron de modelos clásicas y de la iconografía nórdica. Los cabellos claros eran el objeto de deseo de las venecianas durante muchas generaciones. El color era un secreto transmitido con discreción entre familias porque las recetas destinadas a colorear el pelo se transmitían de manera oral o eran parte de pequeños manuales, como el de Cesare Vecellio.
La "altana" era un ritual que exigía paciencia, ingredientes precisos y la arquitectura privilegiada de las casas nobles. En las azoteas aparecen como un segundo sistema vascular por donde discurre la memoria doméstica de la ciudad. Basta mirar hacia arriba desde cualquier punto del barrio de Dorsoduro para reconocer esas plataformas altas que parecían suspendidas sobre el vacío.
Comenzamos el recorrido en Il Palazzo Experimental, un lugar que todavía conserva la lógica de los palazzi que crecieron junto a los canales. Desde ahí se distinguen con claridad las "altanas" vecinas, y se entiende que el ritual de las mujeres para aclararse el pelo no podía haberse inventado en otra ciudad.
El hotel, que en otro tiempo perteneció a la Adriatica di Navigazione y, antes, a uno de los linajes que vinculó Venecia con las rutas marítimas, mantiene la estructura clásica y las habitaciones respetan esa memoria arquitectónica. Las estancias están diseñadas con la voluntad de acompañar la luz.
La ruta de "altanas" es una invitación a descubrir la belleza de Venecia, a través del color dorado templado cobrizo que distingue a las mujeres venecianas. Es un manifiesto a la belleza capilar de la región del Véneto, donde el sol hizo su trabajo hasta llegar al color deseado.
Es una historia que se esconde detrás de la belleza de Venecia, una historia que nos recuerda que la belleza nunca fue un accidente, sino una práctica deliberada.
El ideal femenino se fijó en un modelo de belleza casi pictórico, que los artistas tomaron de modelos clásicas y de la iconografía nórdica. Los cabellos claros eran el objeto de deseo de las venecianas durante muchas generaciones. El color era un secreto transmitido con discreción entre familias porque las recetas destinadas a colorear el pelo se transmitían de manera oral o eran parte de pequeños manuales, como el de Cesare Vecellio.
La "altana" era un ritual que exigía paciencia, ingredientes precisos y la arquitectura privilegiada de las casas nobles. En las azoteas aparecen como un segundo sistema vascular por donde discurre la memoria doméstica de la ciudad. Basta mirar hacia arriba desde cualquier punto del barrio de Dorsoduro para reconocer esas plataformas altas que parecían suspendidas sobre el vacío.
Comenzamos el recorrido en Il Palazzo Experimental, un lugar que todavía conserva la lógica de los palazzi que crecieron junto a los canales. Desde ahí se distinguen con claridad las "altanas" vecinas, y se entiende que el ritual de las mujeres para aclararse el pelo no podía haberse inventado en otra ciudad.
El hotel, que en otro tiempo perteneció a la Adriatica di Navigazione y, antes, a uno de los linajes que vinculó Venecia con las rutas marítimas, mantiene la estructura clásica y las habitaciones respetan esa memoria arquitectónica. Las estancias están diseñadas con la voluntad de acompañar la luz.
La ruta de "altanas" es una invitación a descubrir la belleza de Venecia, a través del color dorado templado cobrizo que distingue a las mujeres venecianas. Es un manifiesto a la belleza capilar de la región del Véneto, donde el sol hizo su trabajo hasta llegar al color deseado.
Es una historia que se esconde detrás de la belleza de Venecia, una historia que nos recuerda que la belleza nunca fue un accidente, sino una práctica deliberada.