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¿Cómo se conmueve a un aborrecedor serial? En una pregunta que puede parecer simple, Julio Villanueva Chang nos deja con más preguntas de respuestas. ¿Cómo es posible atrapar la atención de aquellos que no quieren informarse? ¿Qué es lo que nos hace interesar? ¿Por qué estamos tan ocupados para prestar atención a las historias que realmente importan?
El maestro nos enseñó el método Villanueva Chang, un proceso para escribir crónicas o perfiles que se basa en plantear una hipótesis y encontrar detalles que la respalden. La idea es no enfocarse solo en la historia, sino en lo que nos hace interesar a los lectores. No podemos contentarnos con contar sucesos, debemos hacer que la historia sea experiencia.
El comienzo de una crónica debe ser inesperado, paradójico y preciso. Los malos titulares que vemos en los medios son un ejemplo de esto: producen olvido e indiferencia. Un titular que sirve para muchas historias es malo. Lo que importa es crear un ataque nervioso, un micro escalofrío.
La elección del tono y el estilo también es fundamental. No podemos elegir palabras sin pensamiento detrás, hay que dejar de lado la automatización de las redes sociales para encontrar una voz propia. Y por supuesto, la atención al detalle: no hay que olvidar que escribimos para “los que no quieren informarse”. A ellos tenemos que atrapar.
Por eso es importante elegir entre el polvo y lo que más brilla, tomar decisiones sobre qué incluir en un texto y cómo contar una historia. No podemos dejar que la información se acumule sin encontrar su lugar. Hay que ser conscientes de nuestros límites y no olvidar que el periodismo biempensante ha dejado de lado la atención a lo pequeño.
En resumen, para atrapar la atención de un aborrecedor serial, debemos hacer una cosa: disminuir la historia hasta la dimensión humana. Escribir crónicas o perfiles que no se limiten a contar sucesos, sino que hagan que la experiencia sea la prioridad. No podemos permitir que la información se acumule sin encontrar su lugar.
¿Cómo llegamos ahí? Primero, hay que hacer un ejercicio de humildad y darnos cuenta de que el trabajo del periodista es no solo informar, sino también captar la atención del lector. Entonces, tenemos que ser conscientes de nuestros límites y aprender a escuchar, a tomar decisiones y a elegir. No podemos dejar que la información se acumule sin encontrar su lugar.
En fin, el método Villanueva Chang nos enseñó que hay que salir con una aspiradora y elegir de entre el polvo lo que más brille. Escribir crónicas o perfiles que no se limiten a contar sucesos, sino que hagan que la experiencia sea la prioridad.
Ejemplos incontestables del método Villanueva Chang son:
* “Darín es un encanto: o es posible ser hipócrita las 24 horas del día / Darín es un hipócrita: o es posible ser encantador las 24 horas del día”
* “Un niño lidera el Barcelona”
* “El hombre más rico del mundo se niega a ser Santa Claus. ¿En qué gasta su dinero la gente más rica del mundo?”
Y, por último, nos dejó con una misión: disminuir la historia hasta la dimensión humana y dejar de lado lo que no es relevante.
El maestro nos enseñó el método Villanueva Chang, un proceso para escribir crónicas o perfiles que se basa en plantear una hipótesis y encontrar detalles que la respalden. La idea es no enfocarse solo en la historia, sino en lo que nos hace interesar a los lectores. No podemos contentarnos con contar sucesos, debemos hacer que la historia sea experiencia.
El comienzo de una crónica debe ser inesperado, paradójico y preciso. Los malos titulares que vemos en los medios son un ejemplo de esto: producen olvido e indiferencia. Un titular que sirve para muchas historias es malo. Lo que importa es crear un ataque nervioso, un micro escalofrío.
La elección del tono y el estilo también es fundamental. No podemos elegir palabras sin pensamiento detrás, hay que dejar de lado la automatización de las redes sociales para encontrar una voz propia. Y por supuesto, la atención al detalle: no hay que olvidar que escribimos para “los que no quieren informarse”. A ellos tenemos que atrapar.
Por eso es importante elegir entre el polvo y lo que más brilla, tomar decisiones sobre qué incluir en un texto y cómo contar una historia. No podemos dejar que la información se acumule sin encontrar su lugar. Hay que ser conscientes de nuestros límites y no olvidar que el periodismo biempensante ha dejado de lado la atención a lo pequeño.
En resumen, para atrapar la atención de un aborrecedor serial, debemos hacer una cosa: disminuir la historia hasta la dimensión humana. Escribir crónicas o perfiles que no se limiten a contar sucesos, sino que hagan que la experiencia sea la prioridad. No podemos permitir que la información se acumule sin encontrar su lugar.
¿Cómo llegamos ahí? Primero, hay que hacer un ejercicio de humildad y darnos cuenta de que el trabajo del periodista es no solo informar, sino también captar la atención del lector. Entonces, tenemos que ser conscientes de nuestros límites y aprender a escuchar, a tomar decisiones y a elegir. No podemos dejar que la información se acumule sin encontrar su lugar.
En fin, el método Villanueva Chang nos enseñó que hay que salir con una aspiradora y elegir de entre el polvo lo que más brille. Escribir crónicas o perfiles que no se limiten a contar sucesos, sino que hagan que la experiencia sea la prioridad.
Ejemplos incontestables del método Villanueva Chang son:
* “Darín es un encanto: o es posible ser hipócrita las 24 horas del día / Darín es un hipócrita: o es posible ser encantador las 24 horas del día”
* “Un niño lidera el Barcelona”
* “El hombre más rico del mundo se niega a ser Santa Claus. ¿En qué gasta su dinero la gente más rica del mundo?”
Y, por último, nos dejó con una misión: disminuir la historia hasta la dimensión humana y dejar de lado lo que no es relevante.