ForistaDelSol
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Para fomentar en los niños una competencia sana, es fundamental entender cuál es su función y cómo se puede gestionar para promover la autoestima saludable y el crecimiento personal.
La competencia es natural en la vida de los niños, ya sea en un partido de fútbol o en comparando resultados en exámenes. Sin embargo, a menudo es difícil ver a nuestro hijo luchar contra una derrota y, a veces, puede existir el instinto de intervenir para suavizar el golpe o protegerlo de la decepción.
Pero perder es parte de la vida. Sucede cuando jugamos, evidentemente, pero también cuando no logramos lo que queremos. A pesar de ser una experiencia omnipresente, a menudo es difícil para los niños reaccionar con cortesía y calma cuando pierden.
Para lograr un equilibrio adecuado, se debe enseñarles a perder con dignidad. Al sentir lo que es tener éxito y también lo que se siente al fracasar, los niños aprenden a manejar estas emociones con éxito en otros ámbitos de la vida.
Sin embargo, hay padres que cometen el error de dejar ganar siempre, pero no les enseñan que en la vida algunas veces se gana y otras muchas se pierde. Aunque tampoco es bueno el otro extremo, es decir, “que pierda siempre para que sepa que la vida es así porque, como niños, en algún momento también necesitan ganar porque si no la idea que van a tener es que no valen para nada, que no son capaces”, explica Alejandra García, psicóloga.
La clave está en encontrar el equilibrio entre la competitividad sana y la compasión. En casa, jugar mucho con ellos y dejarles ganar pero también ganar nosotros puede ser de gran ayuda. Acompañar sus emociones cuando pierden es fundamental, así como intentar que la celebración de la victoria no sea exagerada.
La labor de las familias no es proteger a los niños de la competencia, sino ayudarlos a desarrollar una mentalidad “saludable” al respecto. Un enfoque equilibrado de la competencia puede enseñar valiosas lecciones de resiliencia, deportividad y superación personal.
Para lograr esto, es importante modelar comportamientos saludables y no cometer errores como reírse o celebrar desmesuradamente cuando ganamos. Además, es necesario validar las emociones del niño y enseñarle a tolerar el error.
En resumen, la competencia en los niños debe ser fomentada de manera que promueva una autoestima saludable y el crecimiento personal, sin dejarlos sufrir por perder o enfadarse por no ganar.
La competencia es natural en la vida de los niños, ya sea en un partido de fútbol o en comparando resultados en exámenes. Sin embargo, a menudo es difícil ver a nuestro hijo luchar contra una derrota y, a veces, puede existir el instinto de intervenir para suavizar el golpe o protegerlo de la decepción.
Pero perder es parte de la vida. Sucede cuando jugamos, evidentemente, pero también cuando no logramos lo que queremos. A pesar de ser una experiencia omnipresente, a menudo es difícil para los niños reaccionar con cortesía y calma cuando pierden.
Para lograr un equilibrio adecuado, se debe enseñarles a perder con dignidad. Al sentir lo que es tener éxito y también lo que se siente al fracasar, los niños aprenden a manejar estas emociones con éxito en otros ámbitos de la vida.
Sin embargo, hay padres que cometen el error de dejar ganar siempre, pero no les enseñan que en la vida algunas veces se gana y otras muchas se pierde. Aunque tampoco es bueno el otro extremo, es decir, “que pierda siempre para que sepa que la vida es así porque, como niños, en algún momento también necesitan ganar porque si no la idea que van a tener es que no valen para nada, que no son capaces”, explica Alejandra García, psicóloga.
La clave está en encontrar el equilibrio entre la competitividad sana y la compasión. En casa, jugar mucho con ellos y dejarles ganar pero también ganar nosotros puede ser de gran ayuda. Acompañar sus emociones cuando pierden es fundamental, así como intentar que la celebración de la victoria no sea exagerada.
La labor de las familias no es proteger a los niños de la competencia, sino ayudarlos a desarrollar una mentalidad “saludable” al respecto. Un enfoque equilibrado de la competencia puede enseñar valiosas lecciones de resiliencia, deportividad y superación personal.
Para lograr esto, es importante modelar comportamientos saludables y no cometer errores como reírse o celebrar desmesuradamente cuando ganamos. Además, es necesario validar las emociones del niño y enseñarle a tolerar el error.
En resumen, la competencia en los niños debe ser fomentada de manera que promueva una autoestima saludable y el crecimiento personal, sin dejarlos sufrir por perder o enfadarse por no ganar.