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Colombia: un país de contrastes, riqueza y vitalidad.
La geografía colombiana es una obra maestra de diversidad. Al oeste, las costas vírgenes abren al Pacífico; al norte, el Gran Caribe nos lleva a un realismo mágico, donde la fantasía se encuentra con la realidad; y en los Llanos, las sabanas infinitas crean una tierra de contrastes. Además, hay selvas recién descubiertas, como la del Darién y la Amazonía; desiertos rocosos como el Tatacoa o el arenoso de La Guajira.
El país es también un teatro para una infinidad de aves, orquídeas y mariposas. De hecho, se trata del país con mayor biodiversidad por metro cuadrado del mundo. En cuanto a la fauna, solo dos países lo igualan en relación a reptiles y palmas; sin embargo, cinco países compiten con su variedad de mamíferos.
Para explorar esta riqueza, hay una gran cantidad de destinos turísticos. De los 21 lugares certificados como sostenibles, uno es el escenario de una telenovela colonial en Mompox, junto al gran río Magdalena. Otra opción es ir a Bahía Solano y Nuquí para avistar ballenas con la naturalidad de quién se cruza un delfín.
Hay también bosques con sello medioambiental como Rain Forest Alliance y TourCert. Además, hay iniciativas de turismo comunitario compartidas con pueblos indígenas que añaden diversidad a la diversidad. Los Wayuu son uno de los ejemplos.
La vitalidad de paisajes y personas es el hilo conductor de este caleidoscopio de belleza. Colombia es un país joven en todos los sentidos, donde lo natural se encuentra con la amabilidad. Su capital, Bogotá, está recostada en los cerros tutelares, mientras que Medellín tiene una vitalidad industriosa.
El Eje Cafetero es famoso por su colorido; Popayán y el Cañón del Río Claro ofrecen paisajes espaciales; y las ferias de flores son un espectáculo. Además, hay melódicos hasta los acentos.
La geografía colombiana es una obra maestra de diversidad. Al oeste, las costas vírgenes abren al Pacífico; al norte, el Gran Caribe nos lleva a un realismo mágico, donde la fantasía se encuentra con la realidad; y en los Llanos, las sabanas infinitas crean una tierra de contrastes. Además, hay selvas recién descubiertas, como la del Darién y la Amazonía; desiertos rocosos como el Tatacoa o el arenoso de La Guajira.
El país es también un teatro para una infinidad de aves, orquídeas y mariposas. De hecho, se trata del país con mayor biodiversidad por metro cuadrado del mundo. En cuanto a la fauna, solo dos países lo igualan en relación a reptiles y palmas; sin embargo, cinco países compiten con su variedad de mamíferos.
Para explorar esta riqueza, hay una gran cantidad de destinos turísticos. De los 21 lugares certificados como sostenibles, uno es el escenario de una telenovela colonial en Mompox, junto al gran río Magdalena. Otra opción es ir a Bahía Solano y Nuquí para avistar ballenas con la naturalidad de quién se cruza un delfín.
Hay también bosques con sello medioambiental como Rain Forest Alliance y TourCert. Además, hay iniciativas de turismo comunitario compartidas con pueblos indígenas que añaden diversidad a la diversidad. Los Wayuu son uno de los ejemplos.
La vitalidad de paisajes y personas es el hilo conductor de este caleidoscopio de belleza. Colombia es un país joven en todos los sentidos, donde lo natural se encuentra con la amabilidad. Su capital, Bogotá, está recostada en los cerros tutelares, mientras que Medellín tiene una vitalidad industriosa.
El Eje Cafetero es famoso por su colorido; Popayán y el Cañón del Río Claro ofrecen paisajes espaciales; y las ferias de flores son un espectáculo. Además, hay melódicos hasta los acentos.