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Un nuevo intento de concierto por parte del Gobierno sirio con las fuerzas kurdas después de una década de autogobierno. El acuerdo alcanzado el pasado fin de semana, en el que se integrarían a las instituciones del Estado sirio y entregaran los territorios controlados desde hace años, podría ser el final de la lucha armada entre ambos bandos.
Sin embargo, la violencia entre las fuerzas gubernamentales y las kurdas, iniciada hace apenas cuatro meses en Alepo, sigue en las zonas disputadas. El acuerdo alcanzado con la mediación de Estados Unidos también fija la integración de los combatientes kurdos en las fuerzas sirias, que están aún en proceso de rehabilitación y reconfiguración tras el colapso del régimen de Al Asad hace poco más de un año.
Las negociaciones para los detalles del pacto se prolongaron durante meses y fracasaron a finales del año pasado, desembocando en el actual estallido de la violencia. El martes 20 de enero, ambos bandos declararon un alto el fuego de cuatro días para detener los choques armados y afinar los detalles del acuerdo.
El nuevo acuerdo fija que los kurdos se integrarán de forma individual tras un escrutinio de seguridad de cada uno de los combatientes. Este cambio respecto al primer acordo, firmado en marzo de 2025, es el más destacado y podría ser un punto clave para el éxito del pacto.
El analista sénior para Siria de International Crisis Group, Nanar Hawach, destaca la diferencia que existe respecto a 2025. Las FDS han perdido la mayor parte de su territorio y su influencia, mientras que Damasco tiene menos necesidad de ceder y las FDS tienen menos capacidad de resistencia.
"Las comunidades kurdas tienen un largo recuerdo del abandono y algunas podrían preferir la resistencia a confiar en un acuerdo que no pudieron diseñar", señala Hawach. Por ello, considera que es más probable que el acuerdo para la integración sea duradero cuando el alto el fuego expire el sábado por la noche.
El acuerdo alcanzado el pasado fin de semana también fija la cesión del control sobre los centros de detención de los exmiembros del grupo terrorista Estado Islámico, contra el cual las FSD lucharon durante años y acabaron derrotando en 2019. Las fuerzas kurdas tomaron el control de amplios territorios que arrebataron al autodenominado "califato" del Estado Islámico.
El enviado especial de EEUU para Siria, Tom Barrack, admitió esta semana en un comunicado que el papel de las SDF "como la principal fuerza anti Estado Islámico sobre el terreno ha expirado en gran medida". Según su punto de vista, Damasco ahora está dispuesto y posicionado para asumir responsabilidades de seguridad, incluido el control de las instalaciones y campos de detención.
Más allá de la lucha antiterrorista, Barrack dejó claro que los kurdos ya no cuentan con el respaldo político de Washington como entidad autónoma y les instó a aprovechar la "oportunidad única" que les brinda el acuerdo del 18 de enero.
Sin embargo, la violencia entre las fuerzas gubernamentales y las kurdas, iniciada hace apenas cuatro meses en Alepo, sigue en las zonas disputadas. El acuerdo alcanzado con la mediación de Estados Unidos también fija la integración de los combatientes kurdos en las fuerzas sirias, que están aún en proceso de rehabilitación y reconfiguración tras el colapso del régimen de Al Asad hace poco más de un año.
Las negociaciones para los detalles del pacto se prolongaron durante meses y fracasaron a finales del año pasado, desembocando en el actual estallido de la violencia. El martes 20 de enero, ambos bandos declararon un alto el fuego de cuatro días para detener los choques armados y afinar los detalles del acuerdo.
El nuevo acuerdo fija que los kurdos se integrarán de forma individual tras un escrutinio de seguridad de cada uno de los combatientes. Este cambio respecto al primer acordo, firmado en marzo de 2025, es el más destacado y podría ser un punto clave para el éxito del pacto.
El analista sénior para Siria de International Crisis Group, Nanar Hawach, destaca la diferencia que existe respecto a 2025. Las FDS han perdido la mayor parte de su territorio y su influencia, mientras que Damasco tiene menos necesidad de ceder y las FDS tienen menos capacidad de resistencia.
"Las comunidades kurdas tienen un largo recuerdo del abandono y algunas podrían preferir la resistencia a confiar en un acuerdo que no pudieron diseñar", señala Hawach. Por ello, considera que es más probable que el acuerdo para la integración sea duradero cuando el alto el fuego expire el sábado por la noche.
El acuerdo alcanzado el pasado fin de semana también fija la cesión del control sobre los centros de detención de los exmiembros del grupo terrorista Estado Islámico, contra el cual las FSD lucharon durante años y acabaron derrotando en 2019. Las fuerzas kurdas tomaron el control de amplios territorios que arrebataron al autodenominado "califato" del Estado Islámico.
El enviado especial de EEUU para Siria, Tom Barrack, admitió esta semana en un comunicado que el papel de las SDF "como la principal fuerza anti Estado Islámico sobre el terreno ha expirado en gran medida". Según su punto de vista, Damasco ahora está dispuesto y posicionado para asumir responsabilidades de seguridad, incluido el control de las instalaciones y campos de detención.
Más allá de la lucha antiterrorista, Barrack dejó claro que los kurdos ya no cuentan con el respaldo político de Washington como entidad autónoma y les instó a aprovechar la "oportunidad única" que les brinda el acuerdo del 18 de enero.