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Carney desafía al statu quo canadiense
Mark Carney, exgobernador del Banco de Canadá y de Inglaterra, siempre ha sido pragmático. Durante la campaña electoral, el líder liberal habló de ser el candidato ideal para ganar las elecciones y enfrentar los embates comerciales orquestados desde la Casa Blanca. Y así lo hizo, al resultar elegido en las urnas el 28 de abril.
Desde que asumió el cargo como primer ministro canadiense, Carney ha realizado cambios de gran alcance, muchos de los cuales han generado controversia entre sectores del país. Una de sus primeras decisiones fue eliminar el plan de gravámenes al carbono, un paso que algunos consideran demasiado liberal.
Sin embargo, no es la primera vez que se cuestiona su gestión económica. El pasado 27 de noviembre, Ottawa firmó con la provincia de Alberta un protocolo de entendimiento que incluye conversaciones para la construcción de un nuevo oleoducto. La respuesta ha sido crítica de grupos como Greenpeace Canadá, que lo califican de "traición" hacia los canadienses que votaron por él.
Otro punto de controversia es su viaje oficial a China del 14 al 17 de enero. Allí firmó convenios y sostuvo una reunión con Xi Jinping. Las oportunidades comerciales con la potencia asiática son considerables, pero también hay preocupaciones sobre el distanciamiento que tuvo el Gobierno de Trudeau con Pekín.
En tiempos de cambios globales, Carney ha aumentado considerablemente el presupuesto en defensa, una medida que ha sido bien recibida por sectores conservadores. La aprobación del público se mantiene relativamente estable, aunque hay cambios mínimos en meses recientes.
Sin embargo, el gobierno liberal de Carney enfrenta presión creciente para concretar acuerdos comerciales con Estados Unidos y Europa, lo que podría llevar a un aumento en la descontento entre los ciudadanos.
Mark Carney, exgobernador del Banco de Canadá y de Inglaterra, siempre ha sido pragmático. Durante la campaña electoral, el líder liberal habló de ser el candidato ideal para ganar las elecciones y enfrentar los embates comerciales orquestados desde la Casa Blanca. Y así lo hizo, al resultar elegido en las urnas el 28 de abril.
Desde que asumió el cargo como primer ministro canadiense, Carney ha realizado cambios de gran alcance, muchos de los cuales han generado controversia entre sectores del país. Una de sus primeras decisiones fue eliminar el plan de gravámenes al carbono, un paso que algunos consideran demasiado liberal.
Sin embargo, no es la primera vez que se cuestiona su gestión económica. El pasado 27 de noviembre, Ottawa firmó con la provincia de Alberta un protocolo de entendimiento que incluye conversaciones para la construcción de un nuevo oleoducto. La respuesta ha sido crítica de grupos como Greenpeace Canadá, que lo califican de "traición" hacia los canadienses que votaron por él.
Otro punto de controversia es su viaje oficial a China del 14 al 17 de enero. Allí firmó convenios y sostuvo una reunión con Xi Jinping. Las oportunidades comerciales con la potencia asiática son considerables, pero también hay preocupaciones sobre el distanciamiento que tuvo el Gobierno de Trudeau con Pekín.
En tiempos de cambios globales, Carney ha aumentado considerablemente el presupuesto en defensa, una medida que ha sido bien recibida por sectores conservadores. La aprobación del público se mantiene relativamente estable, aunque hay cambios mínimos en meses recientes.
Sin embargo, el gobierno liberal de Carney enfrenta presión creciente para concretar acuerdos comerciales con Estados Unidos y Europa, lo que podría llevar a un aumento en la descontento entre los ciudadanos.