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Un exdirigente de ARENA fue capturado en Estados Unidos y extraditado a El Salvador para enfrentar cargos por negociar con pandillas.
El expresidente Norman Quijano, quien fue condenado en ausencia en abril de 2024, se encontraba en el país donde solicitó asilo político cuando fue detenido. Según la Fiscalía General de El Salvador, Quijano negoció la entrega de dinero a las pandillas MS-13 y Barrio 18 a cambio de influir en el voto de la población a favor del partido FMLN.
La captura de Quijana es un golpe para el oficialismo, quienes se consideraban rivales políticos. El presidente Nayib Bukele ha buscado la extradición de varios dirigentes opositores procesados por corrupción o pactos con pandillas, y esta captura lo pone de frente a su enemigo político.
Sin embargo, la captura también plantea preguntas sobre el doble rasero del discurso oficial. Mientras Bukele ha denunciado los pactos de gobiernos anteriores con las pandillas, ha evitado señalar o perseguir a funcionarios de su entorno que están vinculados a las mismas estructuras criminales.
La relación entre Bukele y el presidente estadounidense Donald Trump también ha facilitado la captura de Quijana. En 2025, Estados Unidos entregó al menos tres líderes de la MS-13 procesados en tribunales de Nueva York, lo que podría comprometer a funcionarios del actual Gobierno.
La situación es complicada y requiere una mayor transparencia para resolver los cargos contra Quijana. La captura de este exdirigente puede ser un paso hacia la consolidación de la justicia en El Salvador, pero también plantea preguntas sobre la impunidad y el doble rasero del discurso oficial.
El expresidente Norman Quijano, quien fue condenado en ausencia en abril de 2024, se encontraba en el país donde solicitó asilo político cuando fue detenido. Según la Fiscalía General de El Salvador, Quijano negoció la entrega de dinero a las pandillas MS-13 y Barrio 18 a cambio de influir en el voto de la población a favor del partido FMLN.
La captura de Quijana es un golpe para el oficialismo, quienes se consideraban rivales políticos. El presidente Nayib Bukele ha buscado la extradición de varios dirigentes opositores procesados por corrupción o pactos con pandillas, y esta captura lo pone de frente a su enemigo político.
Sin embargo, la captura también plantea preguntas sobre el doble rasero del discurso oficial. Mientras Bukele ha denunciado los pactos de gobiernos anteriores con las pandillas, ha evitado señalar o perseguir a funcionarios de su entorno que están vinculados a las mismas estructuras criminales.
La relación entre Bukele y el presidente estadounidense Donald Trump también ha facilitado la captura de Quijana. En 2025, Estados Unidos entregó al menos tres líderes de la MS-13 procesados en tribunales de Nueva York, lo que podría comprometer a funcionarios del actual Gobierno.
La situación es complicada y requiere una mayor transparencia para resolver los cargos contra Quijana. La captura de este exdirigente puede ser un paso hacia la consolidación de la justicia en El Salvador, pero también plantea preguntas sobre la impunidad y el doble rasero del discurso oficial.