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El Consorcio de Extinción de Incendios y Salvamento de la Región de Murcia se encuentra al borde del colapso debido a la falta de inversión pública y la mala planificación. A pesar de la vocación y responsabilidad de sus bomberos, el servicio público sigue sin fortalecerse.
El Consorcio es responsable de cubrir prácticamente toda la Región de Murcia, con la excepción de las ciudades de Murcia y Cartagena, que cuentan con servicios propios mejor dotados. La desigualdad territorial es un problema grave que afecta a los profesionales, ya que el resto del territorio queda cubierto por un servicio infradotado tanto en personal como en medios.
El modelo de financiación tampoco ayuda a aliviar la situación, ya que el 51% del presupuesto del Consorcio proviene del Gobierno regional y el 49% restante del mismo. Sin embargo, los trabajadores sostienen que esa aportación autonómica no se traduce en inversiones reales ni en una mejora de las condiciones del servicio.
La estructura del Consorcio es una radiografía del problema. Se divide en tres tipos de parques: Parques de Área, Parques de Zona y Parques locales. Los primeros cuentan con una dotación aproximada de nueve bomberos por turno, los segundos con cinco efectivos y los terceros con tres o cuatro profesionales por guardia.
En estos parques locales se dan las situaciones más extremas. La falta de personal no solo pone en riesgo a los profesionales, sino que compromete gravemente la eficacia de las intervenciones. Esta escena se repite a diario en municipios que, oficialmente, están “cubiertos” por un parque de bomberos.
El Consorcio carece de protocolos operativos reales para incendios, accidentes de tráfico, inundaciones u otros rescates. No pueden ponerse sobre el papel porque resultan imposibles con las dotaciones actuales. En un incendio estructural, deberían diferenciarse equipos para extinción, rastreo y rescate de víctimas.
Para sostener este modelo fallido, el Consorcio se está rellenando con compresores caducados que están siendo utilizados como equipos de protección individual. Los equipos de Respiración Autónoma (ERA) necesarios para respirar aire limpio en ambientes llenos de humo, gases tóxicos o con poco oxígeno no se están reemplazando con dispositivos nuevos.
La situación es igualmente grave cuando se trata de vehículos. En Fuente Álamo ya se ha colocado dos veces la primera piedra del nuevo parque, sin que el proyecto culmine. En San Pedro del Pinatar, los bomberos trabajan a día de hoy en casetas de obra. En otros parques, las condiciones son deplorables, con problemas de salubridad e incluso presencia de ratas.
El parque móvil es otro de los grandes puntos negros. En municipios como Mazarrón, algunos vehículos superan los 25 años de antigüedad. Durante un periodo de seis meses, toda la Región llegó a quedarse sin un solo vehículo de altura operativo.
Los bomberos sostienen que el abandono es un problema grave y que no tienen alternativa. La jerarquía está rota y la plaza de director técnico lleva una década vacante. En cinco años han pasado cinco directores interinos distintos, lo que impide desarrollar un proyecto sólido y coherente a largo plazo.
Decisiones como la de centralizar todo el material en Molina de Segura convierten la gestión cotidiana en una pesadilla. Los bomberos recuerdan que conseguir algo tan simple como unas pilas puede llevar días.
La situación es grave y requiere atención urgente. Los bomberos siguen saliendo por vocación, responsabilidad y compromiso con la ciudadanía, pero no pueden seguir así sin un cambio en la política del Consorcio. La respuesta parece evidente: la responsabilidad también.
El Consorcio es responsable de cubrir prácticamente toda la Región de Murcia, con la excepción de las ciudades de Murcia y Cartagena, que cuentan con servicios propios mejor dotados. La desigualdad territorial es un problema grave que afecta a los profesionales, ya que el resto del territorio queda cubierto por un servicio infradotado tanto en personal como en medios.
El modelo de financiación tampoco ayuda a aliviar la situación, ya que el 51% del presupuesto del Consorcio proviene del Gobierno regional y el 49% restante del mismo. Sin embargo, los trabajadores sostienen que esa aportación autonómica no se traduce en inversiones reales ni en una mejora de las condiciones del servicio.
La estructura del Consorcio es una radiografía del problema. Se divide en tres tipos de parques: Parques de Área, Parques de Zona y Parques locales. Los primeros cuentan con una dotación aproximada de nueve bomberos por turno, los segundos con cinco efectivos y los terceros con tres o cuatro profesionales por guardia.
En estos parques locales se dan las situaciones más extremas. La falta de personal no solo pone en riesgo a los profesionales, sino que compromete gravemente la eficacia de las intervenciones. Esta escena se repite a diario en municipios que, oficialmente, están “cubiertos” por un parque de bomberos.
El Consorcio carece de protocolos operativos reales para incendios, accidentes de tráfico, inundaciones u otros rescates. No pueden ponerse sobre el papel porque resultan imposibles con las dotaciones actuales. En un incendio estructural, deberían diferenciarse equipos para extinción, rastreo y rescate de víctimas.
Para sostener este modelo fallido, el Consorcio se está rellenando con compresores caducados que están siendo utilizados como equipos de protección individual. Los equipos de Respiración Autónoma (ERA) necesarios para respirar aire limpio en ambientes llenos de humo, gases tóxicos o con poco oxígeno no se están reemplazando con dispositivos nuevos.
La situación es igualmente grave cuando se trata de vehículos. En Fuente Álamo ya se ha colocado dos veces la primera piedra del nuevo parque, sin que el proyecto culmine. En San Pedro del Pinatar, los bomberos trabajan a día de hoy en casetas de obra. En otros parques, las condiciones son deplorables, con problemas de salubridad e incluso presencia de ratas.
El parque móvil es otro de los grandes puntos negros. En municipios como Mazarrón, algunos vehículos superan los 25 años de antigüedad. Durante un periodo de seis meses, toda la Región llegó a quedarse sin un solo vehículo de altura operativo.
Los bomberos sostienen que el abandono es un problema grave y que no tienen alternativa. La jerarquía está rota y la plaza de director técnico lleva una década vacante. En cinco años han pasado cinco directores interinos distintos, lo que impide desarrollar un proyecto sólido y coherente a largo plazo.
Decisiones como la de centralizar todo el material en Molina de Segura convierten la gestión cotidiana en una pesadilla. Los bomberos recuerdan que conseguir algo tan simple como unas pilas puede llevar días.
La situación es grave y requiere atención urgente. Los bomberos siguen saliendo por vocación, responsabilidad y compromiso con la ciudadanía, pero no pueden seguir así sin un cambio en la política del Consorcio. La respuesta parece evidente: la responsabilidad también.