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La revolución energética está a punto de cambiar la forma en que producimos y consumimos combustible. Una innovadora tecnología solara convertir el CO2 en un combustible limpio, revolucionando la industria energética.
El equipo de investigación del profesor Erwin Reisner ha logrado desarrollar un dispositivo solar capaz de replicar el comportamiento de la fotosíntesis y generar formiato, un tipo de combustible limpio derivado de la combinación entre dióxido de carbono, luz y agua. Este dispositivo se nutre de la luz solar y de componentes orgánicos que abren un escenario distinto para la transformación de recursos y la elaboración de insumos químicos.
Este tipo de tecnología tiene una aplicación potencial en distintos sectores, incluyendo la industria farmacéutica. La producción de formiato aporta un modelo operativo distinto para la fabricación de insumos químicos y puede emplearse como punto de partida en cadenas de síntesis que requieren una base energética sin emisiones.
La industria química concentra alrededor del 6% de las emisiones globales y depende en gran medida de insumos derivados del petróleo. La producción de un combustible limpio podría disminuir la presión sobre los recursos fósiles y simplificar procesos que actualmente necesitan catalizadores inorgánicos de corta vida útil o materiales con elementos tóxicos.
Un equipo de la Universidad de California, Berkeley ha desarrollado un dispositivo solar capaz de transformar dióxido de carbono y agua en hidrocarburos como etileno y etano. Esto es posible gracias a estructuras de cobre que actúan como catalizadores donde se acumulan electrones que impulsan la conversión molecular.
Aunque el rendimiento actual no resulta suficiente para una implantación a gran escala, los investigadores sostienen que la captura de CO2 procedente del aire o de plantas energéticas podría permitir la generación de combustible limpio con balance neutro de carbono.
La fotosíntesis artificial está a punto de convertirse en una herramienta útil para procesos industriales que demandan insumos químicos sin recurrir a materias primas fósiles. Con técnicas de diseño más precisas y nuevos enfoques para estabilizar enzimas y semiconductores orgánicos, es posible ampliar la vida útil de estos dispositivos y adaptarlos para generar compuestos distintos según las necesidades sectoriales.
El equipo de investigación del profesor Erwin Reisner ha logrado desarrollar un dispositivo solar capaz de replicar el comportamiento de la fotosíntesis y generar formiato, un tipo de combustible limpio derivado de la combinación entre dióxido de carbono, luz y agua. Este dispositivo se nutre de la luz solar y de componentes orgánicos que abren un escenario distinto para la transformación de recursos y la elaboración de insumos químicos.
Este tipo de tecnología tiene una aplicación potencial en distintos sectores, incluyendo la industria farmacéutica. La producción de formiato aporta un modelo operativo distinto para la fabricación de insumos químicos y puede emplearse como punto de partida en cadenas de síntesis que requieren una base energética sin emisiones.
La industria química concentra alrededor del 6% de las emisiones globales y depende en gran medida de insumos derivados del petróleo. La producción de un combustible limpio podría disminuir la presión sobre los recursos fósiles y simplificar procesos que actualmente necesitan catalizadores inorgánicos de corta vida útil o materiales con elementos tóxicos.
Un equipo de la Universidad de California, Berkeley ha desarrollado un dispositivo solar capaz de transformar dióxido de carbono y agua en hidrocarburos como etileno y etano. Esto es posible gracias a estructuras de cobre que actúan como catalizadores donde se acumulan electrones que impulsan la conversión molecular.
Aunque el rendimiento actual no resulta suficiente para una implantación a gran escala, los investigadores sostienen que la captura de CO2 procedente del aire o de plantas energéticas podría permitir la generación de combustible limpio con balance neutro de carbono.
La fotosíntesis artificial está a punto de convertirse en una herramienta útil para procesos industriales que demandan insumos químicos sin recurrir a materias primas fósiles. Con técnicas de diseño más precisas y nuevos enfoques para estabilizar enzimas y semiconductores orgánicos, es posible ampliar la vida útil de estos dispositivos y adaptarlos para generar compuestos distintos según las necesidades sectoriales.