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En un mundo cada vez más imprevisible y con una incertidumbre económica creciente, los veinteañeros buscan refugio en lo estable. La idea de comprometerse y casarse se ha vuelto atractiva para muchos de esta generación, que busca aferrarse a algo seguro en un entorno que parece cada vez más efímero.
Entre las apariencias, una realidad: la generación Z es más conservadora que sus padres. En política, religión y hasta en su consumo de alcohol, estos jóvenes están adoptando una postura más tradicional. Pero lo que realmente motiva este cambio de actitud no es el respeto por las convenciones, sino la búsqueda de seguridad y estabilidad.
Un reto viral en TikTok puede parecer irónico: "diciembre es el nuevo enero". En un mundo donde los límites entre fiestas y responsabilidad parecen cada vez más borrosos, estos jóvenes optan por cumplir buenos propósitos sin distracciones. Levántarse a las cinco de la mañana para leer un libro, ir al gimnasio o practicar yoga se convierte en una rutina diaria.
Esta obsesión por el control y la vida sana es consecuencia de los tiempos líquidos en que vivimos. "Incapaces de aminorar el ritmo vertiginoso del cambio, nos centramos en aquello sobre lo que podemos influir", decía Zygmunt Bauman. Y cada vez más, ese ritmo parece aumentar. ¿Qué es lo normal para una generación que nunca ha conocido la estabilidad?
Un comentario de Caitlin Moran ilustra bien este choque generacional: "¿Qué es para ti lo normal? ¿Qué es eso a lo que volveremos?", se le planteó un chico. La periodista respondió con su característica franqueza: "Los zeta nunca vivirán tan bien como yo". Esa distancia entre dos generaciones es anormal desde hace casi 20 años.
En este entorno de incertidumbre, los veinteañeros optan por construir vidas más permanentes. La idea de comprometerse y casarse se ha vuelto atractiva para muchos de esta generación. ¿Es esto solo una tendencia superficial o hay algo más detrás? En cualquier caso, es claro que en un mundo cada vez más imprevisible, la búsqueda de seguridad y estabilidad es una necesidad imperiosa.
Entre las apariencias, una realidad: la generación Z es más conservadora que sus padres. En política, religión y hasta en su consumo de alcohol, estos jóvenes están adoptando una postura más tradicional. Pero lo que realmente motiva este cambio de actitud no es el respeto por las convenciones, sino la búsqueda de seguridad y estabilidad.
Un reto viral en TikTok puede parecer irónico: "diciembre es el nuevo enero". En un mundo donde los límites entre fiestas y responsabilidad parecen cada vez más borrosos, estos jóvenes optan por cumplir buenos propósitos sin distracciones. Levántarse a las cinco de la mañana para leer un libro, ir al gimnasio o practicar yoga se convierte en una rutina diaria.
Esta obsesión por el control y la vida sana es consecuencia de los tiempos líquidos en que vivimos. "Incapaces de aminorar el ritmo vertiginoso del cambio, nos centramos en aquello sobre lo que podemos influir", decía Zygmunt Bauman. Y cada vez más, ese ritmo parece aumentar. ¿Qué es lo normal para una generación que nunca ha conocido la estabilidad?
Un comentario de Caitlin Moran ilustra bien este choque generacional: "¿Qué es para ti lo normal? ¿Qué es eso a lo que volveremos?", se le planteó un chico. La periodista respondió con su característica franqueza: "Los zeta nunca vivirán tan bien como yo". Esa distancia entre dos generaciones es anormal desde hace casi 20 años.
En este entorno de incertidumbre, los veinteañeros optan por construir vidas más permanentes. La idea de comprometerse y casarse se ha vuelto atractiva para muchos de esta generación. ¿Es esto solo una tendencia superficial o hay algo más detrás? En cualquier caso, es claro que en un mundo cada vez más imprevisible, la búsqueda de seguridad y estabilidad es una necesidad imperiosa.