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Bad Bunny rompió un récord histórico al convertirse en el primer artista en ganar el Grammy a mejor disco del año en español. El puertorriqueño, cuyo verdadero nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio, superó a favoritas como Kendrick Lamar y recibió el premio por su álbum "Debí tirar más fotos".
El cantante expresó su gratitud a las personas que lo han apoyado durante su carrera y dedicó el premio a todos los latinos e inmigrantes. Su discurso fue emotivo y políticamente cargado, alabando la valentía de aquellos que abandonan su tierra natal para perseguir sus sueños.
En una noche marcada por la tensión política y las críticas a la administración del presidente Donald Trump, Bad Bunny se convirtió en el tema central de la gala. El cantante caribeño no se calló y criticó duramente al gobierno de Trump, exigiendo justicia para los inmigrantes y recordando que "no son salvajes ni animales, sino humanos y estadounidenses".
La noche también fue memorable por la actuación de otros artistas como Billie Eilish, Lady Gaga y Justin Bieber, quien llevó una ropa provocativa a la gala. La presentadora Trevor Noah dirigió el espectáculo con su habitual humor y sarcasmo, pero parecía que había llegado su hora en la ceremonia.
El cantante expresó su gratitud a las personas que lo han apoyado durante su carrera y dedicó el premio a todos los latinos e inmigrantes. Su discurso fue emotivo y políticamente cargado, alabando la valentía de aquellos que abandonan su tierra natal para perseguir sus sueños.
En una noche marcada por la tensión política y las críticas a la administración del presidente Donald Trump, Bad Bunny se convirtió en el tema central de la gala. El cantante caribeño no se calló y criticó duramente al gobierno de Trump, exigiendo justicia para los inmigrantes y recordando que "no son salvajes ni animales, sino humanos y estadounidenses".
La noche también fue memorable por la actuación de otros artistas como Billie Eilish, Lady Gaga y Justin Bieber, quien llevó una ropa provocativa a la gala. La presentadora Trevor Noah dirigió el espectáculo con su habitual humor y sarcasmo, pero parecía que había llegado su hora en la ceremonia.