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Bad Bunny se lució con un esmoquin de Schiaparelli que dejó al mundo en blanco. La pieza, diseñada por la renombrada casa de moda italiana, fue el elemento perfecto para destacar en la gala de los Grammy. El diseño, característico de la estética de Schiaparelli, lleva la firma del gran artista puertorriqueño y combina elementos clásicos con una toque innovador.
El esmoquin, lucido por Bad Bunny, tiene varios guiños que desafían las convenciones tradicionales del género. La chaqueta se estrecha en la cintura para ensancharse luego en la cadera, creando un efecto de dinamismo visual. Además, adopta una curva nada heterodoxa y presenta solapas más escotadas que las típicas en un esmoquin clásico.
El diseño se inspira en el legado de Schiaparelli, quien solía incorporar detalles tridimensionales monocromos para camuflar ornamentos atípicos. En este caso, el cierre de corsetería recuerda a los corsés del siglo XIX, un símbolo ambivalente que ha sido desarrollado por grandes diseñadores como Jean-Paul Gaultier.
El propio Bad Bunny abordó su gusto en moda: "Soy una pieza que une diferentes mundos, generaciones y estilos. Me sale natural". El esmoquin de Schiaparelli es un ejemplo perfecto de esto, ya que combina elementos clásicos con un toque innovador.
Esta colaboración entre Bad Bunny y Schiaparelli también destaca la búsqueda de exclusividad más allá de las colaboraciones habituales entre marcas. La firma italiana, conocida por sus creaciones femeninas, se atreve a explorar el género masculino, lo que puede ser un punto de partida para una nueva línea de negocio.
El esmoquin no solo es interesante por su diseño o por estar elaborado a medida, sino porque procede de una marca que, hasta ahora, no había realizado ninguna incursión en la moda masculina. Schiaparelli ha sido siempre una marca eminentemente femenina, y esta colaboración puede ser un paso importante hacia la expansión del género.
El propio Bad Bunny se lució con el esmoquin, pero su elección también fue un llamado a la atención sobre la búsqueda de exclusividad en el mundo de la moda. La constatación de que una marca tradicional como Schiaparelli puede dar un giro innovador al esmoquin clásico es un recordatorio de que la moda está siempre evolucionando y desafiando las convenciones.
En resumen, el esmoquin de Bad Bunny con Schiaparelli es más que un diseño: es una declaración de intenciones, una búsqueda de exclusividad y una innovadora interpretación del género masculino.
El esmoquin, lucido por Bad Bunny, tiene varios guiños que desafían las convenciones tradicionales del género. La chaqueta se estrecha en la cintura para ensancharse luego en la cadera, creando un efecto de dinamismo visual. Además, adopta una curva nada heterodoxa y presenta solapas más escotadas que las típicas en un esmoquin clásico.
El diseño se inspira en el legado de Schiaparelli, quien solía incorporar detalles tridimensionales monocromos para camuflar ornamentos atípicos. En este caso, el cierre de corsetería recuerda a los corsés del siglo XIX, un símbolo ambivalente que ha sido desarrollado por grandes diseñadores como Jean-Paul Gaultier.
El propio Bad Bunny abordó su gusto en moda: "Soy una pieza que une diferentes mundos, generaciones y estilos. Me sale natural". El esmoquin de Schiaparelli es un ejemplo perfecto de esto, ya que combina elementos clásicos con un toque innovador.
Esta colaboración entre Bad Bunny y Schiaparelli también destaca la búsqueda de exclusividad más allá de las colaboraciones habituales entre marcas. La firma italiana, conocida por sus creaciones femeninas, se atreve a explorar el género masculino, lo que puede ser un punto de partida para una nueva línea de negocio.
El esmoquin no solo es interesante por su diseño o por estar elaborado a medida, sino porque procede de una marca que, hasta ahora, no había realizado ninguna incursión en la moda masculina. Schiaparelli ha sido siempre una marca eminentemente femenina, y esta colaboración puede ser un paso importante hacia la expansión del género.
El propio Bad Bunny se lució con el esmoquin, pero su elección también fue un llamado a la atención sobre la búsqueda de exclusividad en el mundo de la moda. La constatación de que una marca tradicional como Schiaparelli puede dar un giro innovador al esmoquin clásico es un recordatorio de que la moda está siempre evolucionando y desafiando las convenciones.
En resumen, el esmoquin de Bad Bunny con Schiaparelli es más que un diseño: es una declaración de intenciones, una búsqueda de exclusividad y una innovadora interpretación del género masculino.