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El secreto del aprendizaje no radica en la inteligencia o en el esfuerzo, sino en la estrategia. Un sistema que funciona es el método que desplaza la repetición mecánica de la comprensión activa, de estudiar para pasar página a aprender para poder usar lo aprendido.
Ferran Ballard y Alejandra Scherk, autores del libro "Aprender con estrategia", han observado cómo los mejores estudiantes trabajan: "No se trata de simplemente transcribir lo que se oye o se lee, sino decidir qué merece ser guardado. Después llega una lectura exploratoria rápida y sin subrayados compulsivos". El enfoque es identificar las ideas clave antes de profundizar.
El método introduce dos pasos fundamentales: el resumen y la hoja de preguntas. Resumir no significa acortar el contenido, sino reordenarlo con palabras propias y darle una estructura mental; mientras que formular preguntas es una herramienta para detectar posibles lagunas.
"Cuando te haces preguntas, dejas de estudiar en piloto automático. Te enfrentas a lo que no entiendes, y eso es incómodo, pero es justo ahí donde empieza el aprendizaje", explica Alejandra Scherk. El objetivo es intentar recordar sin mirar y detectar fallos antes de que sea demasiado tarde.
El último paso, el del repaso espaciado, cumple una función decisiva: evitar que todo ese trabajo se evapore con el tiempo. "Muchísima gente memoriza sin haber entendido y luego se sorprende cuando lo olvida. El método cambia eso: primero piensa, luego organizas y solo al final memorizas", resume Scherk.
Además, el método no elimina el esfuerzo, sino que lo desplaza. "La memoria de trabajo es limitada", recuerda Ballard. "Cada interrupción, cada notificación y cada estímulo visual consume parte de esa capacidad; si no la proteges, no puedes aprender bien".
El enfoque cobra sentido en un contexto en el que el conocimiento envejece rápido. "Lo que sabes hoy puede dejar de servir mañana", señala Scherk. Aprender a aprender deja de ser una habilidad académica para convertirse en una competencia transversal.
En resumen, el secreto del aprendizaje radica en la estrategia, no en la inteligencia o el esfuerzo. El método que desplaza la repetición mecánica de la comprensión activa y que implica identificar las ideas clave antes de profundizar, hacer preguntas y recordar sin mirar, cumple una función decisiva para evitar que se evapore el trabajo y convertirse en conocimiento duradero.
Ferran Ballard y Alejandra Scherk, autores del libro "Aprender con estrategia", han observado cómo los mejores estudiantes trabajan: "No se trata de simplemente transcribir lo que se oye o se lee, sino decidir qué merece ser guardado. Después llega una lectura exploratoria rápida y sin subrayados compulsivos". El enfoque es identificar las ideas clave antes de profundizar.
El método introduce dos pasos fundamentales: el resumen y la hoja de preguntas. Resumir no significa acortar el contenido, sino reordenarlo con palabras propias y darle una estructura mental; mientras que formular preguntas es una herramienta para detectar posibles lagunas.
"Cuando te haces preguntas, dejas de estudiar en piloto automático. Te enfrentas a lo que no entiendes, y eso es incómodo, pero es justo ahí donde empieza el aprendizaje", explica Alejandra Scherk. El objetivo es intentar recordar sin mirar y detectar fallos antes de que sea demasiado tarde.
El último paso, el del repaso espaciado, cumple una función decisiva: evitar que todo ese trabajo se evapore con el tiempo. "Muchísima gente memoriza sin haber entendido y luego se sorprende cuando lo olvida. El método cambia eso: primero piensa, luego organizas y solo al final memorizas", resume Scherk.
Además, el método no elimina el esfuerzo, sino que lo desplaza. "La memoria de trabajo es limitada", recuerda Ballard. "Cada interrupción, cada notificación y cada estímulo visual consume parte de esa capacidad; si no la proteges, no puedes aprender bien".
El enfoque cobra sentido en un contexto en el que el conocimiento envejece rápido. "Lo que sabes hoy puede dejar de servir mañana", señala Scherk. Aprender a aprender deja de ser una habilidad académica para convertirse en una competencia transversal.
En resumen, el secreto del aprendizaje radica en la estrategia, no en la inteligencia o el esfuerzo. El método que desplaza la repetición mecánica de la comprensión activa y que implica identificar las ideas clave antes de profundizar, hacer preguntas y recordar sin mirar, cumple una función decisiva para evitar que se evapore el trabajo y convertirse en conocimiento duradero.