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La pérdida del olfato es una condición que muchos consideran trivial, pero para los que la padecen, puede ser una experiencia destruyente. Manuel Martínez, un hombre de 47 años de Pontevedra, conoce bien este sentimiento.
"Yo eché ese líquido en el suelo y empecé a dar con el escobón y vi que reaccionaba y que salía y dije: 'Guau, esto sí que funciona, qué guay'", recuerda Martínez que a los 15 segundos, notó un fuerte tirón por la espalda. "Me estaban agarrando por la espalda. Me tiraron al suelo y me sacaron para fuera, pero muy violentamente".
El accidente de tráfico que le hizo perder el olfato tuvo consecuencias devastadoras. Martínez sufrió secuelas como pérdida de equilibrio, falta de coordinación y cambios de humor, por lo que la pérdida del olfato fue solo el golpe final en una vida ya desequilibrada. "Lo que más echo de menos es saber a qué huelo yo y, evidentemente, a qué huelen las personas con las que vivo", declara Martínez.
Pero no es solo Martínez quien ha tenido esta experiencia. Silvia Anguera, abuela de una niña con anosmia, cuenta que su familia consideró inicialmente la pérdida del olfato como algo normal en su infancia. "Por suerte a mí sí que me creyeron", explica Anguera.
La pandemia ha llevado a un cambio de conciencia sobre la anosmia y su impacto en la vida diaria. "Mucha gente a raíz de la covid perdió el olfato y se empezó a hablar más de la anosmia", explica Anguera. Ahora, unas cuarenta personas con anosmia han fundado una asociación para concienciar sobre esta condición y buscar mayor investigación.
La falta de sensibilidad del mundo médico hacia la anosmia también es un problema. "Comentas que no tienes olfato y no le dan mayor importancia", lamenta Anguera. La doctora Marta Viñas, jefa de Alergología del Consorcio Sanitario de Terrassa, confirma que la anosmia está infrainvestigada.
"Suerte de la covid que nos ha dado un plus y lo que estaba. Siempre se había dicho que era el sentido olvidado y uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde", asegura la doctora Viñas. El único tratamiento efectivo es una prueba barata y sencilla, pero fácilmente falsable por el paciente.
La falta de investigación sobre la anosmia también afecta a sus víctimas en su vida diaria. Abigail González, que nació sin olfato, cuenta con la experiencia de tener que explicar constantemente cómo se ve o se siente cuando compra productos. "Al final somos sacos de inseguridades", declara González.
En resumen, las consecuencias de la pérdida del olfato pueden ser devastadoras para quienes las padecen, y su falta de conciencia y sensibilidad en la sociedad puede llevar a una vida desequilibrada.
"Yo eché ese líquido en el suelo y empecé a dar con el escobón y vi que reaccionaba y que salía y dije: 'Guau, esto sí que funciona, qué guay'", recuerda Martínez que a los 15 segundos, notó un fuerte tirón por la espalda. "Me estaban agarrando por la espalda. Me tiraron al suelo y me sacaron para fuera, pero muy violentamente".
El accidente de tráfico que le hizo perder el olfato tuvo consecuencias devastadoras. Martínez sufrió secuelas como pérdida de equilibrio, falta de coordinación y cambios de humor, por lo que la pérdida del olfato fue solo el golpe final en una vida ya desequilibrada. "Lo que más echo de menos es saber a qué huelo yo y, evidentemente, a qué huelen las personas con las que vivo", declara Martínez.
Pero no es solo Martínez quien ha tenido esta experiencia. Silvia Anguera, abuela de una niña con anosmia, cuenta que su familia consideró inicialmente la pérdida del olfato como algo normal en su infancia. "Por suerte a mí sí que me creyeron", explica Anguera.
La pandemia ha llevado a un cambio de conciencia sobre la anosmia y su impacto en la vida diaria. "Mucha gente a raíz de la covid perdió el olfato y se empezó a hablar más de la anosmia", explica Anguera. Ahora, unas cuarenta personas con anosmia han fundado una asociación para concienciar sobre esta condición y buscar mayor investigación.
La falta de sensibilidad del mundo médico hacia la anosmia también es un problema. "Comentas que no tienes olfato y no le dan mayor importancia", lamenta Anguera. La doctora Marta Viñas, jefa de Alergología del Consorcio Sanitario de Terrassa, confirma que la anosmia está infrainvestigada.
"Suerte de la covid que nos ha dado un plus y lo que estaba. Siempre se había dicho que era el sentido olvidado y uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde", asegura la doctora Viñas. El único tratamiento efectivo es una prueba barata y sencilla, pero fácilmente falsable por el paciente.
La falta de investigación sobre la anosmia también afecta a sus víctimas en su vida diaria. Abigail González, que nació sin olfato, cuenta con la experiencia de tener que explicar constantemente cómo se ve o se siente cuando compra productos. "Al final somos sacos de inseguridades", declara González.
En resumen, las consecuencias de la pérdida del olfato pueden ser devastadoras para quienes las padecen, y su falta de conciencia y sensibilidad en la sociedad puede llevar a una vida desequilibrada.