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El albergue Movimiento Juventud 2000, ubicado en la Zona Norte de Tijuana, ha reducido su capacidad a solo 15 personas, una cifra que contrasta con las 170 que pudo acoger en sus mejores momentos. Este centro de acogida, gestionado por una organización evangelista cristiana, se encontraba a unos centenares de metros del muro que separa México y Estados Unidos.
La situación en Tijuana no es única. En el resto de albergues de la ciudad, también se pueden apreciar los efectos de los recortes humanitarios impuestos por la administración estadounidense durante el segundo mandato de Donald Trump. El mayor centro de acogida, Embajadores de Jesús, que gestionaba a 2.200 personas en sus mejores momentos, ahora solo alberga a 400, muchos de ellos con más de un año instalados.
"Quienes están aquí son las personas que ya no pueden cruzar y no pueden regresar a su país, principalmente por miedo", afirma Janina Hofer, voluntaria y coordinadora del albergue Embajadores de Jesús. Esto se debe a la retórica antimigración de la administración estadounidense, la eliminación de la herramienta legal de solicitar asilo en Estados Unidos y las imágenes de deportaciones y detenciones de personas que se encuentran en situación irregular.
El flujo migratorio también ha variado. Los registros de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) reflejan una caída del 88% de aprehensiones de migrantes irregulares en la frontera entre México y Estados Unidos en el último trimestre de 2025, con solo 17.793 detenciones.
Los recortes estadounidenses han impactado también en la labor de la Oficina estadounidense de Población, Refugiados y Migración (PRM), que financia a grandes agencias internacionales como la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). El pasado julio, ACNUR advertía de que más de 11 millones de personas refugiadas o forzadas a huir de sus hogares podrían perder el acceso a la asistencia humanitaria directa de la organización.
"Observamos el cierre de oficinas de algunas agencias, recorte de personal y reducción de capacidades", afirma Soraya Vázquez, subdirectora de Al Otro Lado. La incertidumbre financiera y política han marcado un 2025 complicado a nivel económico y emocional para muchas organizaciones comunitarias transfronterizas.
El tema de la migración no es priorizado por los donantes grandes, según el artículo publicado en la organización estadounidense Center For Global Development. La financiación estadounidense a ACNUR en 2025 no llegaba al 40% de lo que había sido en 2024, y en el caso de la OIM, la cifra del 2025 era un tercio de la alcanzada en 2024.
En Tijuana, las organizaciones internacionales que anteriormente ayudaban han cesado sus actividades. El albergue Embajadores de Jesús ha sobrevivido por ahora, pero se ha visto afectado por los recortes. Muchas de las organizaciones han sido obligadas a cerrar o reducir su presupuesto para artículos esenciales como alimentos.
La situación en la frontera entre México y Estados Unidos sigue siendo crítica. Las personas que llegan al país buscan encontrar un techo, un trabajo y una oportunidad para volver a su vida, pero la incertidumbre financiera y política continúa obstaculizando sus esfuerzos.
La situación en Tijuana no es única. En el resto de albergues de la ciudad, también se pueden apreciar los efectos de los recortes humanitarios impuestos por la administración estadounidense durante el segundo mandato de Donald Trump. El mayor centro de acogida, Embajadores de Jesús, que gestionaba a 2.200 personas en sus mejores momentos, ahora solo alberga a 400, muchos de ellos con más de un año instalados.
"Quienes están aquí son las personas que ya no pueden cruzar y no pueden regresar a su país, principalmente por miedo", afirma Janina Hofer, voluntaria y coordinadora del albergue Embajadores de Jesús. Esto se debe a la retórica antimigración de la administración estadounidense, la eliminación de la herramienta legal de solicitar asilo en Estados Unidos y las imágenes de deportaciones y detenciones de personas que se encuentran en situación irregular.
El flujo migratorio también ha variado. Los registros de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) reflejan una caída del 88% de aprehensiones de migrantes irregulares en la frontera entre México y Estados Unidos en el último trimestre de 2025, con solo 17.793 detenciones.
Los recortes estadounidenses han impactado también en la labor de la Oficina estadounidense de Población, Refugiados y Migración (PRM), que financia a grandes agencias internacionales como la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). El pasado julio, ACNUR advertía de que más de 11 millones de personas refugiadas o forzadas a huir de sus hogares podrían perder el acceso a la asistencia humanitaria directa de la organización.
"Observamos el cierre de oficinas de algunas agencias, recorte de personal y reducción de capacidades", afirma Soraya Vázquez, subdirectora de Al Otro Lado. La incertidumbre financiera y política han marcado un 2025 complicado a nivel económico y emocional para muchas organizaciones comunitarias transfronterizas.
El tema de la migración no es priorizado por los donantes grandes, según el artículo publicado en la organización estadounidense Center For Global Development. La financiación estadounidense a ACNUR en 2025 no llegaba al 40% de lo que había sido en 2024, y en el caso de la OIM, la cifra del 2025 era un tercio de la alcanzada en 2024.
En Tijuana, las organizaciones internacionales que anteriormente ayudaban han cesado sus actividades. El albergue Embajadores de Jesús ha sobrevivido por ahora, pero se ha visto afectado por los recortes. Muchas de las organizaciones han sido obligadas a cerrar o reducir su presupuesto para artículos esenciales como alimentos.
La situación en la frontera entre México y Estados Unidos sigue siendo crítica. Las personas que llegan al país buscan encontrar un techo, un trabajo y una oportunidad para volver a su vida, pero la incertidumbre financiera y política continúa obstaculizando sus esfuerzos.