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El rebozo en barro del terror: "El templo de los huesos" es una sorprendente secuela impecable
El género de terror, más allá de sus funciones catárticas y su querencia a las rimas y metáforas sociales, siempre ha tenido un lado oscuro que se alimenta directamente de la nevera con las manos. En este sentido, Nia DaCosta, quien también dirigió "Candyman", muestra su habilidad para manejar el miedo sin miedo a ser incómodo o perturbador.
La cuarta entrega de la saga de los infectados vivientes creada por Danny Boyle y Alex Garland es una prueba sorprendente del regreso a formar equipo. Al comenzar a sospechar que la secuela se precipitaba hacia la pretenciosidad, el batiburrillo y la incoherencia, el director nos ofrece un auténtico festín, un banquete fuera de hora para devorar sin miramientos.
En este sentido, Ralph Fiennes como el doctor encerrado en su particular laberinto con forma de osario catedralicio y descomunal es una joya. Su interpretación es un regalo para cualquier actor que se atreviera a desafiar la pantalla. Sin embargo, el verdadero héroe del filme es Jack O'Connell como el líder nihilista de un comando de drogas satánicas convencido de que el mal puede todo.
La historia sigue siendo una lucha entre la fe y la razón, la humanidad frente a la barbarie, o el convencimiento de que la auténtica bestia no está fuera disfrazada de plaga, sino bien adentro de cada uno de nosotros. Y en este sentido, DaCosta nos presenta una película que no tiene miedo a ser incómoda, directa y desprejuiciada.
La imagen del mundo desmoronado con la música "Everything in Its Right Place" de Radiohead es una de las más impactantes del filme. La cámara se mueve por las fotos de antes de la pandemia, de cuando el Dr. Kelson tenía vida, y en un movimiento perfecto, todo cobra sentido.
Finalmente, el alarde final con la canción "The Number Of The Beast" de Iron Maiden es una experiencia que deja sin aliento al espectador. Un verdadero festín para los sentidos, pero también un llamado a reflexionar sobre lo que nos ha pasado en estos tiempos oscuros.
En resumen, "El templo de los huesos" es una sorprendente secuela impecable que no tiene miedo a ser incómoda, directa y desprejuiciada. Ralph Fiennes como el doctor es un verdadero tesoro del cine, y Nia DaCosta muestra su habilidad para manejar el miedo sin miedo a ser perturbador. Un filme que se recomienda sin duda alguna.
El género de terror, más allá de sus funciones catárticas y su querencia a las rimas y metáforas sociales, siempre ha tenido un lado oscuro que se alimenta directamente de la nevera con las manos. En este sentido, Nia DaCosta, quien también dirigió "Candyman", muestra su habilidad para manejar el miedo sin miedo a ser incómodo o perturbador.
La cuarta entrega de la saga de los infectados vivientes creada por Danny Boyle y Alex Garland es una prueba sorprendente del regreso a formar equipo. Al comenzar a sospechar que la secuela se precipitaba hacia la pretenciosidad, el batiburrillo y la incoherencia, el director nos ofrece un auténtico festín, un banquete fuera de hora para devorar sin miramientos.
En este sentido, Ralph Fiennes como el doctor encerrado en su particular laberinto con forma de osario catedralicio y descomunal es una joya. Su interpretación es un regalo para cualquier actor que se atreviera a desafiar la pantalla. Sin embargo, el verdadero héroe del filme es Jack O'Connell como el líder nihilista de un comando de drogas satánicas convencido de que el mal puede todo.
La historia sigue siendo una lucha entre la fe y la razón, la humanidad frente a la barbarie, o el convencimiento de que la auténtica bestia no está fuera disfrazada de plaga, sino bien adentro de cada uno de nosotros. Y en este sentido, DaCosta nos presenta una película que no tiene miedo a ser incómoda, directa y desprejuiciada.
La imagen del mundo desmoronado con la música "Everything in Its Right Place" de Radiohead es una de las más impactantes del filme. La cámara se mueve por las fotos de antes de la pandemia, de cuando el Dr. Kelson tenía vida, y en un movimiento perfecto, todo cobra sentido.
Finalmente, el alarde final con la canción "The Number Of The Beast" de Iron Maiden es una experiencia que deja sin aliento al espectador. Un verdadero festín para los sentidos, pero también un llamado a reflexionar sobre lo que nos ha pasado en estos tiempos oscuros.
En resumen, "El templo de los huesos" es una sorprendente secuela impecable que no tiene miedo a ser incómoda, directa y desprejuiciada. Ralph Fiennes como el doctor es un verdadero tesoro del cine, y Nia DaCosta muestra su habilidad para manejar el miedo sin miedo a ser perturbador. Un filme que se recomienda sin duda alguna.