ForoDelSur
Well-known member
El nacimiento de la granza egipcia puede estar relacionado con un cambio súbito en el curso del Nilo hace 4.000 años, según recientemente publicó un equipo internacional de científicos.
La investigación, liderada por Angus Graham de la Universidad de Uppsala y con participación de investigadores de la Universidad de Southampton, analizaron 81 núcleos de sedimento extraídos a lo largo del valle. Los resultados muestran que el Nilo comenzó de repente a depositar materiales, elevando el suelo y generando un paisaje mucho más fértil.
Este cambio geológico modificó las condiciones agrícolas y sociales de la región, coincidiendo con el periodo en que Egipto consolidó su poder político y cultural durante el Imperio Nuevo. La expansión de la llanura fértil permitió un aumento notable de las áreas de cultivo y, con ello, de la producción de alimentos.
La disponibilidad de tierras cultivables reforzó la administración central y la capacidad del Estado para mantener un sistema de obras y tributos a gran escala. De esta manera, el Nilo más estable y predecible se convirtió en una red de ciudades, caminos y templos interconectados.
El comportamiento del río pasó de ser violento a facilitar asentamientos estables. El estudio ha permitido reconstruir la secuencia de aggradación y erosión del valle, mostrando cómo el Nilo funcionaba como un sistema de canales entrelazados que cambiaban con frecuencia de posición.
Este hallazgo ofrece a la arqueología un marco nuevo para reinterpretar la ubicación de templos y ciudades antiguas. Con ello, la historia de Egipto gana una dimensión más precisa: la de una civilización que no solo se levantó junto a un río, sino gracias a un río que cambió su propio curso para permitirla.
La investigación también ha permitido esclarecer las causas del cambio. El final del Periodo Húmedo Africano, entre hace 6.000 y 4.000 años, provocó la rápida desertificación del Sáhara, lo que redujo el caudal del Nilo. Al mismo tiempo, el suelo reseco aportó una mayor cantidad de sedimentos finos al río.
De esta manera, se puede confirmar que tanto el clima y la ocupación humana actuaron juntos en un proceso que reconfiguró el paisaje fluvial, permitiendo a Egipto desarrollarse y prosperar.
La investigación, liderada por Angus Graham de la Universidad de Uppsala y con participación de investigadores de la Universidad de Southampton, analizaron 81 núcleos de sedimento extraídos a lo largo del valle. Los resultados muestran que el Nilo comenzó de repente a depositar materiales, elevando el suelo y generando un paisaje mucho más fértil.
Este cambio geológico modificó las condiciones agrícolas y sociales de la región, coincidiendo con el periodo en que Egipto consolidó su poder político y cultural durante el Imperio Nuevo. La expansión de la llanura fértil permitió un aumento notable de las áreas de cultivo y, con ello, de la producción de alimentos.
La disponibilidad de tierras cultivables reforzó la administración central y la capacidad del Estado para mantener un sistema de obras y tributos a gran escala. De esta manera, el Nilo más estable y predecible se convirtió en una red de ciudades, caminos y templos interconectados.
El comportamiento del río pasó de ser violento a facilitar asentamientos estables. El estudio ha permitido reconstruir la secuencia de aggradación y erosión del valle, mostrando cómo el Nilo funcionaba como un sistema de canales entrelazados que cambiaban con frecuencia de posición.
Este hallazgo ofrece a la arqueología un marco nuevo para reinterpretar la ubicación de templos y ciudades antiguas. Con ello, la historia de Egipto gana una dimensión más precisa: la de una civilización que no solo se levantó junto a un río, sino gracias a un río que cambió su propio curso para permitirla.
La investigación también ha permitido esclarecer las causas del cambio. El final del Periodo Húmedo Africano, entre hace 6.000 y 4.000 años, provocó la rápida desertificación del Sáhara, lo que redujo el caudal del Nilo. Al mismo tiempo, el suelo reseco aportó una mayor cantidad de sedimentos finos al río.
De esta manera, se puede confirmar que tanto el clima y la ocupación humana actuaron juntos en un proceso que reconfiguró el paisaje fluvial, permitiendo a Egipto desarrollarse y prosperar.