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Francisco Matías, conocido como Seu Chiquinho en Brasil, vive una vida de sencillez y rutinas marcadas en una casa de adobe de 105 años que le fue construida por su padre en 1920. La vivienda, ubicada en el municipio brasileño de Hidrolandia, en el estado de Goiás, forma parte de la historia de la familia Matías y sigue igual que al principio, a pesar de los años y el cambio de generación.
El hombre de 80 años vive solo en la vivienda y no tiene intenciones de cambiar su estilo de vida. Su hogar es simple y sin lujos, pero Francisco se adapta con facilidad a sus circunstancias. En su tiempo libre, Macías se encarga de limpiar el terreno, reparar cercas y preparar la tierra para el cultivo.
El agua no llega a su casa, así que el hombre se encarga de extraerla de un pozo cercano y transporta cada semana en bidones. Dentro de casa, almacena el agua en recipientes de barro. La alimentación es básica, con café y tapioca como principales componentes.
En el ámbito más personal, Francisco ha vivido solo desde que sus padres fallecieron hace casi treinta años para conservar el legado de su familia. Sus hermanos se fueron a vivir a otras ciudades, pero también fallecieron. Ahora, Francisco es el único hijo con vida que queda.
En términos sentimentales, el brasileño nunca llegó a casarse y ha pasado más de 50 años viviendo en el campo. Aunque no considera que esté solo, recibe visitas frecuentes de vecinos y conocidos. Entre los trucos para mantenerse tan bien a pesar de su edad, Francisco explica que la clave está en la alimentación natural, el trabajo constante y una vida tranquila.
La vivienda de adobe de 105 años es un testimonio del legado de la familia Matías y un ejemplo de cómo se puede vivir sencillamente sin sacrificar la calidad de vida. Francisco, Seu Chiquinho, sigue viviendo en su hogar con orgullo, rodeado de la naturaleza y la tranquilidad del campo.
El hombre de 80 años vive solo en la vivienda y no tiene intenciones de cambiar su estilo de vida. Su hogar es simple y sin lujos, pero Francisco se adapta con facilidad a sus circunstancias. En su tiempo libre, Macías se encarga de limpiar el terreno, reparar cercas y preparar la tierra para el cultivo.
El agua no llega a su casa, así que el hombre se encarga de extraerla de un pozo cercano y transporta cada semana en bidones. Dentro de casa, almacena el agua en recipientes de barro. La alimentación es básica, con café y tapioca como principales componentes.
En el ámbito más personal, Francisco ha vivido solo desde que sus padres fallecieron hace casi treinta años para conservar el legado de su familia. Sus hermanos se fueron a vivir a otras ciudades, pero también fallecieron. Ahora, Francisco es el único hijo con vida que queda.
En términos sentimentales, el brasileño nunca llegó a casarse y ha pasado más de 50 años viviendo en el campo. Aunque no considera que esté solo, recibe visitas frecuentes de vecinos y conocidos. Entre los trucos para mantenerse tan bien a pesar de su edad, Francisco explica que la clave está en la alimentación natural, el trabajo constante y una vida tranquila.
La vivienda de adobe de 105 años es un testimonio del legado de la familia Matías y un ejemplo de cómo se puede vivir sencillamente sin sacrificar la calidad de vida. Francisco, Seu Chiquinho, sigue viviendo en su hogar con orgullo, rodeado de la naturaleza y la tranquilidad del campo.