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En Albacete, el amanecer es un espectáculo de luz y vida. Cuando los primeros rayos del sol rasgan el horizonte, el cielo se tiñe de tonos ocres y dorados, como una acuarela antigua que despierta suavemente. En ese momento, el Parque Aberlardo Sánchez renace: miles de estorninos alzan el vuelo, desprendiéndose de las ramas dormidas para abrirse paso hacia un nuevo día.
El Estornino pinto es una especie gregaria que se agrupa en bandadas enormes. Su plumaje oscuro con reflejos metálicos, su patas rosado-rojizos y su pico puntiagudo le dan un aspecto distintivo. Pero lo que realmente fascina es su comportamiento: aves altamente sociales que se reúnen para dormir juntas en los árboles de parques urbanos.
Cuando el alba los llama, los estorninos se lanzan al aire en una coreografía aérea conocida como "murmuración". Miles de aves moviéndose al unísono, cambiando forma, girando, ondulando como una sola entidad viva. Su vuelo es rápido, directo, con alas cortas y puntiagudas. La densidad de la bandada, la coordinación milimétrica y la sincronía de sus movimientos resultan casi hipnóticas.
El murmullo de alas es más que un ruido: es un instinto colectivo, un recordatorio de que la naturaleza aún puede sobreponerse al concreto. La presencia de tantos estorninos en un parque céntrico demuestra la sorprendente adaptabilidad de esta especie.
Cada amanecer en el Parque Abelardo Sánchez se convierte en una ecuación perfecta de luz, aire, alas y vida. Si pasas por allí con los primeros albores del día, abre bien los ojos: quizá tengas la fortuna de presenciar esa danza aérea, un puente fugaz entre lo urbano y lo salvaje, entre el silencio y el murmullo de miles de alas.
El Estornino pinto es una especie gregaria que se agrupa en bandadas enormes. Su plumaje oscuro con reflejos metálicos, su patas rosado-rojizos y su pico puntiagudo le dan un aspecto distintivo. Pero lo que realmente fascina es su comportamiento: aves altamente sociales que se reúnen para dormir juntas en los árboles de parques urbanos.
Cuando el alba los llama, los estorninos se lanzan al aire en una coreografía aérea conocida como "murmuración". Miles de aves moviéndose al unísono, cambiando forma, girando, ondulando como una sola entidad viva. Su vuelo es rápido, directo, con alas cortas y puntiagudas. La densidad de la bandada, la coordinación milimétrica y la sincronía de sus movimientos resultan casi hipnóticas.
El murmullo de alas es más que un ruido: es un instinto colectivo, un recordatorio de que la naturaleza aún puede sobreponerse al concreto. La presencia de tantos estorninos en un parque céntrico demuestra la sorprendente adaptabilidad de esta especie.
Cada amanecer en el Parque Abelardo Sánchez se convierte en una ecuación perfecta de luz, aire, alas y vida. Si pasas por allí con los primeros albores del día, abre bien los ojos: quizá tengas la fortuna de presenciar esa danza aérea, un puente fugaz entre lo urbano y lo salvaje, entre el silencio y el murmullo de miles de alas.