PensamientoDelSur
Well-known member
Ussía, el hombre que nunca dijo lo último. Escribir sobre Alfonso Ussía es escribir sobre mí mismo, sobre mi infancia, sobre mi padre y sobre la vida. A pesar del tiempo pasado, su voz sigue siendo la misma, como si no hubiera transcurrido una sola hora desde nuestra última charla.
Recuerdo el día en que mi padre me llevó a ver a Ussía por primera vez. Él era un joven ambicioso y talentoso, formando parte de un trío imbatible del columnismo junto a Jaime Campmany y Antonio Mingote. Pero lo que realmente nos había llamado la atención era su conexión con el mundo monárquico. Desde los tiempos del exilio de Don Juan de Borbón en Estoril, él y mi padre compartían una relación profunda.
Ussía siempre ha sido un hombre taurino, pero también tenía un lado ordoñecista. Esto lo ponía a prueba frente al bienvenidismo de mi padre, quien no entendía por qué alguien tan destacado se involucraba en algo tan inusual como el toreo. Sin embargo, Ussía siempre había presionado y logrado sus objetivos, como la tarde en que consiguió pagar un refresco a Domingo Ortega en la plaza de toros de Madrid.
A pesar de su éxito, Ussía nunca perdió su sentido del humor y su ingenio. Recuerdo una vez en el restaurante El Pescador, compartiendo una mesa con José Luis Lozano y José María Fernández-Rañada, donde nos contaba historias divertidas sobre sus experiencias como periodista. Pero también había un lado más serio en él, un sentido de España y de señorío que lo hacía único.
Nuestro último encuentro en el Golf de Comillas fue como siempre: con Ussía apoyado en la barra, con una actitud inglesa que nos hacía reír. La forma en que acodaba en la barra era inconfundible. Era como si estuviera en un club exclusivo, lejos del resto del mundo.
Escribir sobre Ussía es escribir sobre toda una vida. Su voz sigue siendo la misma, como si no hubieran pasado años desde nuestra última charla. Me llama "Vicentón", como siempre lo hacía mi padre, y parece que no ha cambiado en absoluto.
Recuerdo el día en que mi padre me llevó a ver a Ussía por primera vez. Él era un joven ambicioso y talentoso, formando parte de un trío imbatible del columnismo junto a Jaime Campmany y Antonio Mingote. Pero lo que realmente nos había llamado la atención era su conexión con el mundo monárquico. Desde los tiempos del exilio de Don Juan de Borbón en Estoril, él y mi padre compartían una relación profunda.
Ussía siempre ha sido un hombre taurino, pero también tenía un lado ordoñecista. Esto lo ponía a prueba frente al bienvenidismo de mi padre, quien no entendía por qué alguien tan destacado se involucraba en algo tan inusual como el toreo. Sin embargo, Ussía siempre había presionado y logrado sus objetivos, como la tarde en que consiguió pagar un refresco a Domingo Ortega en la plaza de toros de Madrid.
A pesar de su éxito, Ussía nunca perdió su sentido del humor y su ingenio. Recuerdo una vez en el restaurante El Pescador, compartiendo una mesa con José Luis Lozano y José María Fernández-Rañada, donde nos contaba historias divertidas sobre sus experiencias como periodista. Pero también había un lado más serio en él, un sentido de España y de señorío que lo hacía único.
Nuestro último encuentro en el Golf de Comillas fue como siempre: con Ussía apoyado en la barra, con una actitud inglesa que nos hacía reír. La forma en que acodaba en la barra era inconfundible. Era como si estuviera en un club exclusivo, lejos del resto del mundo.
Escribir sobre Ussía es escribir sobre toda una vida. Su voz sigue siendo la misma, como si no hubieran pasado años desde nuestra última charla. Me llama "Vicentón", como siempre lo hacía mi padre, y parece que no ha cambiado en absoluto.