PensamientoCriollo
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En el municipio mallorquín de Manacor, una desgracia irreparable ha dejado a dos hermanos sin padre. La noche del pasado jueves, en la víspera de Sant Antoni, un techo se desplomó sobre la litera donde dormían dos jóvenes: el mayor, Miguel Ángel Flórez, fallecido, y su menor hermano, quien sobrevivió gravemente. La vida del joven había sido una mezcla de música y alegría; tocaba el saxo en la banda municipal y se integró rápidamente en su nueva vida. Sin embargo, esta noche, la muerte lo sorprendió.
El accidente ha dejado a la comunidad en shock. El ayuntamiento de Manacor decidió no suspender las fiestas, pero optó por un duelo descafeinado, con gestos en memoria de Miguel Ángel Flórez. La casa donde se produjo el accidente databa de 1900 y nunca había pasado una inspección técnica. El consistorio no localizó ninguna solicitud de licencia de obras ni documentación sobre el estado de conservación del inmueble.
Pero lo que es peor, la familia de Miguel Ángel Flórez se ve obligada a luchar por justicia. Aunque el ayuntamiento decidió ofrecer información demoledora sobre el estado de la casa, la situación sigue sin ser resuelta. La familia busca saber qué pasó con las obras que nunca se realizaron y cómo se permitió que una vivienda inhabitable estuviera en el mercado.
Este caso es solo otro ejemplo de cómo la falta de atención a la seguridad y la inspección técnica puede tener consecuencias trágicas. La proximidad hace que nos identifiquemos con las víctimas de los desastres, sean una o muchas. ¿Quién sobreactúa ante una desgracia ajena? ¿Quién se queda corto ante una calamidad que debió evitar? La gestión de los lutos empieza a ser una cuestión espinosa y no baladí.
El accidente ha dejado a la comunidad en shock. El ayuntamiento de Manacor decidió no suspender las fiestas, pero optó por un duelo descafeinado, con gestos en memoria de Miguel Ángel Flórez. La casa donde se produjo el accidente databa de 1900 y nunca había pasado una inspección técnica. El consistorio no localizó ninguna solicitud de licencia de obras ni documentación sobre el estado de conservación del inmueble.
Pero lo que es peor, la familia de Miguel Ángel Flórez se ve obligada a luchar por justicia. Aunque el ayuntamiento decidió ofrecer información demoledora sobre el estado de la casa, la situación sigue sin ser resuelta. La familia busca saber qué pasó con las obras que nunca se realizaron y cómo se permitió que una vivienda inhabitable estuviera en el mercado.
Este caso es solo otro ejemplo de cómo la falta de atención a la seguridad y la inspección técnica puede tener consecuencias trágicas. La proximidad hace que nos identifiquemos con las víctimas de los desastres, sean una o muchas. ¿Quién sobreactúa ante una desgracia ajena? ¿Quién se queda corto ante una calamidad que debió evitar? La gestión de los lutos empieza a ser una cuestión espinosa y no baladí.