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Sudán: un retroceso trágico en la lucha por la salud infantil
El año que se acaba de cerrar es el primero del siglo XXI donde se han registrado un aumento significativo en las muertes de niños menores de cinco años. Según el informe de la Fundación Gates, este año habrían fallecido 4,8 millones de niños pequeños, lo que equivale a una tragedia sin precedentes: como si todos los alumnos de 5.000 aulas escolares que ni siquiera saben atarse los zapatos murieran en apenas 12 meses.
Este retroceso se debe principalmente a los recortes en la ayuda internacional decididos por los países más ricos del mundo, siguiendo el ejemplo de Donald Trump. Estos recortes han reducido drásticamente las financiaciones destinadas a programas de salud y desarrollo humanitario. En 2024, se han reducido a 49.000 millones, pero para 2025 este número disminuye aún más a 36.000 millones.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha constatado que estas reducciones en financiación han llevado a una expansión de enfermedades como la malaria y la tuberculosis entre niños menores de cinco años. El 75% de los fallecidos por malaria es menor de cinco años, y el mismo porcentaje ocurre con la tuberculosis.
Este retroceso no solo afecta a Sudán, sino que también tiene implicaciones globales. Si esta tendencia continúa, hasta 2045 habrá 12 millones de muertes infantiles adicionales. Es inaceptable que gobiernos que pueden permitirse gastar miles de millones de dólares en guerras y proyectos militares no puedan encontrar el dinero necesario para salvar la vida de millones de niños.
La responsabilidad principal por estos recortes recae en el desmantelamiento de la agencia estadounidense de desarrollo (USAID) ordenado por Donald Trump. La agencia era responsable del 43% de los fondos destinados a la ayuda al desarrollo, pero ahora se ha reducido significativamente.
Es preciso que gobiernos y líderes mundiales den cuenta de la importancia vital de la ayuda al desarrollo y no dejen que la política ideológica les haga olvidar la realidad. Es hora de actuar y proteger la vida de millones de niños en riesgo.
El año que se acaba de cerrar es el primero del siglo XXI donde se han registrado un aumento significativo en las muertes de niños menores de cinco años. Según el informe de la Fundación Gates, este año habrían fallecido 4,8 millones de niños pequeños, lo que equivale a una tragedia sin precedentes: como si todos los alumnos de 5.000 aulas escolares que ni siquiera saben atarse los zapatos murieran en apenas 12 meses.
Este retroceso se debe principalmente a los recortes en la ayuda internacional decididos por los países más ricos del mundo, siguiendo el ejemplo de Donald Trump. Estos recortes han reducido drásticamente las financiaciones destinadas a programas de salud y desarrollo humanitario. En 2024, se han reducido a 49.000 millones, pero para 2025 este número disminuye aún más a 36.000 millones.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha constatado que estas reducciones en financiación han llevado a una expansión de enfermedades como la malaria y la tuberculosis entre niños menores de cinco años. El 75% de los fallecidos por malaria es menor de cinco años, y el mismo porcentaje ocurre con la tuberculosis.
Este retroceso no solo afecta a Sudán, sino que también tiene implicaciones globales. Si esta tendencia continúa, hasta 2045 habrá 12 millones de muertes infantiles adicionales. Es inaceptable que gobiernos que pueden permitirse gastar miles de millones de dólares en guerras y proyectos militares no puedan encontrar el dinero necesario para salvar la vida de millones de niños.
La responsabilidad principal por estos recortes recae en el desmantelamiento de la agencia estadounidense de desarrollo (USAID) ordenado por Donald Trump. La agencia era responsable del 43% de los fondos destinados a la ayuda al desarrollo, pero ahora se ha reducido significativamente.
Es preciso que gobiernos y líderes mundiales den cuenta de la importancia vital de la ayuda al desarrollo y no dejen que la política ideológica les haga olvidar la realidad. Es hora de actuar y proteger la vida de millones de niños en riesgo.