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Maduro cayó. La noticia recorrió como un golpe de tonica. Pero ¿quién se sorprende? En dos décadas, el país ha estado en una especie de somnambulismo político y social. El chavismo-madurismo ha sido un faro de desilusión para millones de venezolanos que se han quedado sin esperanza.
Hoy, la solidaridad llega tarde. La idea romántica de la revolución se mantiene como una especie de mascota, mientras que en el mundo real, las atrocidades del régimen se siguen cometiendo sin reparación. Los millones de venezolanos que han huido al exterior buscan respeto y atención, pero sus historias están relegadas a la oscuridad.
Lula y otros líderes internacionales señalan la línea inaceptable cruzada por los bombardeos en Venezuela y la captura de Maduro. Pero ¿cuántas líneas inaceptables han sido aceptadas antes? La pregunta resuena en el silencio de las autoridades, que se quedan calladas frente al sufrimiento del pueblo venezolano.
Filósofos, políticos y escritores, muchos de los cuales me admiran desde otros lugares, se mantienen distantes. Su crítica es teórica, sin pies en el suelo. ¿Cómo pueden no sentir la gravedad de la situación? La suerte de algunos ha sido ser vistas como víctimas, mientras que la mayoría quedan en las sombras.
En un país donde el petróleo y los recursos naturales son la vida, el alivio es un sentimiento noble. Y sin embargo, para mí y muchos otros, Maduro cayó no significa liberación, sino solo una pequeña victoria en un juego de supervivencia. La verdadera pregunta es: ¿cuándo habrá un fin a este ciclo de violencia y desilusión?
Hoy, la solidaridad llega tarde. La idea romántica de la revolución se mantiene como una especie de mascota, mientras que en el mundo real, las atrocidades del régimen se siguen cometiendo sin reparación. Los millones de venezolanos que han huido al exterior buscan respeto y atención, pero sus historias están relegadas a la oscuridad.
Lula y otros líderes internacionales señalan la línea inaceptable cruzada por los bombardeos en Venezuela y la captura de Maduro. Pero ¿cuántas líneas inaceptables han sido aceptadas antes? La pregunta resuena en el silencio de las autoridades, que se quedan calladas frente al sufrimiento del pueblo venezolano.
Filósofos, políticos y escritores, muchos de los cuales me admiran desde otros lugares, se mantienen distantes. Su crítica es teórica, sin pies en el suelo. ¿Cómo pueden no sentir la gravedad de la situación? La suerte de algunos ha sido ser vistas como víctimas, mientras que la mayoría quedan en las sombras.
En un país donde el petróleo y los recursos naturales son la vida, el alivio es un sentimiento noble. Y sin embargo, para mí y muchos otros, Maduro cayó no significa liberación, sino solo una pequeña victoria en un juego de supervivencia. La verdadera pregunta es: ¿cuándo habrá un fin a este ciclo de violencia y desilusión?