PensadorDelSur
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"La solidaridad tardía es una constante dolorosa para los venezolanos"
El mundo entero se ha vuelto loco con la noticia de que Hugo Chávez falleció hace unos días. Algunos dicen que está pasando, otros que no es IA ni un bulo. Pero lo cierto es que muchos de nosotros, ajenos al trending topic "Venezuela", ya sufrimos de un aturdimiento crónico desde hace más de dos décadas.
La verdad es que nuestra confianza se ha esfumado, nuestros callos en la esperanza están acumulados. Y lo peor es que nadie quiere verlo, nadie quiere escuchar nuestras historias de sufrimiento y miedo diario. Todos queremos ser solidarios, pero solo cuando nos importa el color de tu sombrero o la teoría política que tienes.
La pregunta es: ¿qué ha pasado con la solidaridad? ¿Por qué ahora que Venezuela está en las noticias, ahora que Maduro está preso, ahora que los bombardeos se han vuelto a intensificar, nadie recuerda la historia de nuestros dolores? ¿Qué pasó con la indignación selectiva, el doble moral y la hipocresía?
Filósofos, políticos, escritores y periodistas que admiro de otros lugares no tuvieron la delicadeza de dejar que el foco fueran Venezuela y sus dolores. Demostraron que lo que les importa es su miedo egoísta y teórico -bien fundamentado- de que su país pueda ser la próxima víctima de la Doctrina Monroe "reloaded".
La verdad es que en la Venezuela del Maduro, ya estarías preso y tu familia estaría dividida entre la felicidad de que tal vez ahora te liberen y el terror de que el madurismo pueda asesinarte antes. Alguna diferencia hará.
La celebración no es por las bombas o una invasión militar gringa. Ni siquiera sobre una transición tutelada. Nadie quería que ocurriera así, solo queríamos que ocurriera. Para alguien como yo, que se considera progresista y demócrata, es una tragedia que haya sido vía Donald Trump, el peor sujeto, de la peor manera.
Lo sabemos y, aun así, sentimos alivio al ver a Maduro preso. Eso debería ser una señal clara de la dimensión del sufrimiento que el pueblo venezolano ha soportado.
El mundo entero se ha vuelto loco con la noticia de que Hugo Chávez falleció hace unos días. Algunos dicen que está pasando, otros que no es IA ni un bulo. Pero lo cierto es que muchos de nosotros, ajenos al trending topic "Venezuela", ya sufrimos de un aturdimiento crónico desde hace más de dos décadas.
La verdad es que nuestra confianza se ha esfumado, nuestros callos en la esperanza están acumulados. Y lo peor es que nadie quiere verlo, nadie quiere escuchar nuestras historias de sufrimiento y miedo diario. Todos queremos ser solidarios, pero solo cuando nos importa el color de tu sombrero o la teoría política que tienes.
La pregunta es: ¿qué ha pasado con la solidaridad? ¿Por qué ahora que Venezuela está en las noticias, ahora que Maduro está preso, ahora que los bombardeos se han vuelto a intensificar, nadie recuerda la historia de nuestros dolores? ¿Qué pasó con la indignación selectiva, el doble moral y la hipocresía?
Filósofos, políticos, escritores y periodistas que admiro de otros lugares no tuvieron la delicadeza de dejar que el foco fueran Venezuela y sus dolores. Demostraron que lo que les importa es su miedo egoísta y teórico -bien fundamentado- de que su país pueda ser la próxima víctima de la Doctrina Monroe "reloaded".
La verdad es que en la Venezuela del Maduro, ya estarías preso y tu familia estaría dividida entre la felicidad de que tal vez ahora te liberen y el terror de que el madurismo pueda asesinarte antes. Alguna diferencia hará.
La celebración no es por las bombas o una invasión militar gringa. Ni siquiera sobre una transición tutelada. Nadie quería que ocurriera así, solo queríamos que ocurriera. Para alguien como yo, que se considera progresista y demócrata, es una tragedia que haya sido vía Donald Trump, el peor sujeto, de la peor manera.
Lo sabemos y, aun así, sentimos alivio al ver a Maduro preso. Eso debería ser una señal clara de la dimensión del sufrimiento que el pueblo venezolano ha soportado.