LatamConecta
Well-known member
Bartók en el Teatro Real: un duelo de pasiones y misterios
El Teatro Real de Madrid acogió recientemente un programa único que reunía dos obras maestras del compositor húngaro Béla Bartók: el ballet "El mandarín maravilloso" y la ópera "El castillo de Barba Azul". En este enfoque sorprendente, la escénica se unió a la música para crear una experiencia inolvidable.
La narrativa del ballet, basada en la idea de Menyhért Lengyel, es un misterio que busca explorar el amor y la muerte en un escenario urbano nervioso. La música, desgarradora y espectacular, se une a una danza expresionista que busca transmitir las pulsiones psicoanalíticas de la mente humana. Por otro lado, "El castillo de Barba Azul" utiliza el cuento clásico de Perrault desde un libreto de Bela Balász, donde la referencia freudiana es más explícita.
En esta producción, el director escénico Christopher Loy se empeñó en unir los mundos del ballet y la ópera. La dirección escénica fue asumida por Loy, quien también se encargó de la coreografía para el primer acto. La colaboración con Gorka Culebras y Carla Pérez Mora fue fundamental para dar vida a los personajes principales.
Sin embargo, algunos críticos destacaron que la escenografía de Marton Agh en "El castillo de Barba Azul" fue poco efectiva y que la sobretensión física de la danza se trasladó a los cantantes. También se mencionó que la inclusión del primer tiempo de la "Música para cuerda, percusión y celesta" de Bartók en el segundo acto fue un error, ya que no convivía bien con el expresionismo del ballet.
En contraste, la ópera destacó por su eficacia y belleza vocal. La interpretación de Christoph Fichesser y Evelyn Hertlitzius fue aplaudida por su intensidad y emoción. La dirección de orquesta de Gustavo Gimeno también recibió aclamaciones por su técnica y sentido musical.
En general, el programa en el Teatro Real fue una labor destacada que reunía elementos musicales y escénicos de manera efectiva. Aunque no todos los elementos fueron aclamados, la aparición del director de orquesta Gustavo Gimeno sobre el escenario fue una pura aclamación.
El Teatro Real de Madrid acogió recientemente un programa único que reunía dos obras maestras del compositor húngaro Béla Bartók: el ballet "El mandarín maravilloso" y la ópera "El castillo de Barba Azul". En este enfoque sorprendente, la escénica se unió a la música para crear una experiencia inolvidable.
La narrativa del ballet, basada en la idea de Menyhért Lengyel, es un misterio que busca explorar el amor y la muerte en un escenario urbano nervioso. La música, desgarradora y espectacular, se une a una danza expresionista que busca transmitir las pulsiones psicoanalíticas de la mente humana. Por otro lado, "El castillo de Barba Azul" utiliza el cuento clásico de Perrault desde un libreto de Bela Balász, donde la referencia freudiana es más explícita.
En esta producción, el director escénico Christopher Loy se empeñó en unir los mundos del ballet y la ópera. La dirección escénica fue asumida por Loy, quien también se encargó de la coreografía para el primer acto. La colaboración con Gorka Culebras y Carla Pérez Mora fue fundamental para dar vida a los personajes principales.
Sin embargo, algunos críticos destacaron que la escenografía de Marton Agh en "El castillo de Barba Azul" fue poco efectiva y que la sobretensión física de la danza se trasladó a los cantantes. También se mencionó que la inclusión del primer tiempo de la "Música para cuerda, percusión y celesta" de Bartók en el segundo acto fue un error, ya que no convivía bien con el expresionismo del ballet.
En contraste, la ópera destacó por su eficacia y belleza vocal. La interpretación de Christoph Fichesser y Evelyn Hertlitzius fue aplaudida por su intensidad y emoción. La dirección de orquesta de Gustavo Gimeno también recibió aclamaciones por su técnica y sentido musical.
En general, el programa en el Teatro Real fue una labor destacada que reunía elementos musicales y escénicos de manera efectiva. Aunque no todos los elementos fueron aclamados, la aparición del director de orquesta Gustavo Gimeno sobre el escenario fue una pura aclamación.