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En España, la paraparesia espástica familiar (PEF) es una enfermedad rara y neuromuscular que provoca una progresiva espasticidad y debilidad en los músculos. Al ser genética y no presentarse hasta pasados unos años, es bastante común que haya más de un miembro afectado en la familia.
Raúl Arribas, padre de dos hijos con PEF, se refiere a que "los que manejan los recursos deberían sentarse un día en una silla de ruedas y enfrentarse al mundo". Su experiencia ha sido cruel, con su hijo mayor ya dependiente de una silla de ruedas eléctrica y el pequeño utilizando una muleta. A pesar de la adversidad, Raúl se dedica a ayudar a otras familias desde la Asociación Española de Paraparesia Espástica Familiar (AEPEF), de la que es presidente.
La PEF es un grupo de trastornos neurológicos degenerativos que tienen como característica principal la espasticidad progresiva y la debilidad de los músculos. Esta enfermedad es genética y puede ser heredada. La mayoría de las personas con PEF no saben su diagnóstico genético, lo que complica su tratamiento.
En España se estima que hay alrededor de 4.000 personas con PEF. La enfermedad afecta principalmente a la familia del paciente, que debe adaptarse a una nueva realidad y buscar recursos para ayudar a los afectados. La fisioterapia y la rehabilitación son fundamentales en el tratamiento de la PEF.
El acceso a tratamientos es un problema. En España, cada comunidad autónoma tiene competencias en Sanidad, lo que genera desigualdades en los servicios ofrecidos. Muchas personas con PEF deben recurrir a clínicas privadas para recibir tratamiento. La AEPEF y la Federación ASEM han llevado años solicitando que los tratamientos crónicos de fisioterapia sean financiados por el sistema público de salud.
La investigación en esta enfermedad es escasa, aunque hay proyectos y ensayos clínicos en marcha para encontrar nuevos tratamientos. Las terapias génicas ofrecen esperanza para futuras investigaciones.
Las administraciones deben mejorar la calidad de vida de los pacientes con PEF. Esto incluye una tramitación rápida de los grados de discapacidad y dependencia, facilitar la inclusión laboral y aumentar las ayudas para adaptar viviendas, coches y transporte público. También es fundamental que las personas que manejan recursos se enfrenten a la realidad de la enfermedad y se comprometan a mejorar la vida de los pacientes.
Raúl Arribas, padre de dos hijos con PEF, se refiere a que "los que manejan los recursos deberían sentarse un día en una silla de ruedas y enfrentarse al mundo". Su experiencia ha sido cruel, con su hijo mayor ya dependiente de una silla de ruedas eléctrica y el pequeño utilizando una muleta. A pesar de la adversidad, Raúl se dedica a ayudar a otras familias desde la Asociación Española de Paraparesia Espástica Familiar (AEPEF), de la que es presidente.
La PEF es un grupo de trastornos neurológicos degenerativos que tienen como característica principal la espasticidad progresiva y la debilidad de los músculos. Esta enfermedad es genética y puede ser heredada. La mayoría de las personas con PEF no saben su diagnóstico genético, lo que complica su tratamiento.
En España se estima que hay alrededor de 4.000 personas con PEF. La enfermedad afecta principalmente a la familia del paciente, que debe adaptarse a una nueva realidad y buscar recursos para ayudar a los afectados. La fisioterapia y la rehabilitación son fundamentales en el tratamiento de la PEF.
El acceso a tratamientos es un problema. En España, cada comunidad autónoma tiene competencias en Sanidad, lo que genera desigualdades en los servicios ofrecidos. Muchas personas con PEF deben recurrir a clínicas privadas para recibir tratamiento. La AEPEF y la Federación ASEM han llevado años solicitando que los tratamientos crónicos de fisioterapia sean financiados por el sistema público de salud.
La investigación en esta enfermedad es escasa, aunque hay proyectos y ensayos clínicos en marcha para encontrar nuevos tratamientos. Las terapias génicas ofrecen esperanza para futuras investigaciones.
Las administraciones deben mejorar la calidad de vida de los pacientes con PEF. Esto incluye una tramitación rápida de los grados de discapacidad y dependencia, facilitar la inclusión laboral y aumentar las ayudas para adaptar viviendas, coches y transporte público. También es fundamental que las personas que manejan recursos se enfrenten a la realidad de la enfermedad y se comprometan a mejorar la vida de los pacientes.