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¿Querido Trump, Groenlandia no es tan grande como parece: qué nos dicen los mapas sobre nuestra idea de poder
"Me encantan los mapas y siempre decía: 'mira el tamaño de esto, es enorme y debería formar parte de Estados Unidos", contestó el presidente. "¿Por qué no tenemos eso? Mira el mapa. Yo me dedico al sector inmobiliario. Miro una esquina y digo: 'tengo que conseguir esa tienda para el edificio que estoy construyendo'. Esto no es tan diferente a una operación inmobiliaria. Solo que es un poco más grande, por decirlo suavemente".
¿Querido Trump, ¿cuántas veces tienes que explicarle a los ciudadanos y periodistas de Estados Unidos que Groenlandia no es el paraíso del hielo que imaginan? ¿Acaso piensas que el mundo entero está dispuesto a formar parte de EEUU?
Quiero que hagas un experimento. Si tienes el móvil a mano (no el ordenador), abre Google Maps y aléjate todo lo que te permita la aplicación hasta ver el mundo entero ¿Lo tienes? Es imposible no ver esa "gran y preciosa pieza de hielo", como dijo Trump la semana pasada en su discurso de Davos. Normal que el presidente se sienta atraído: es aproximadamente como África, más grande que todo Latinoamérica y en ella cabrían varios EEUU.
Solamente hay un pequeño problema: ese mapa no es real. Pese a lo que nos dice el móvil, Groenlandia es en realidad 14 veces más pequeña que África y solo en EEUU cabrían 4,5 groenlandias. En realidad, Groenlandia es prácticamente como Arabia Saudí en kilómetros cuadrados. Esto es porque la Tierra es esférica (espero no haberte decepcionado con este detalle) y llevarla a un plano implica necesariamente una deformación de los ángulos.
El mapa que más utilizamos es el realizado por Gerardus Mercator en 1569. Su mapa fue una revolución porque permitía utilizar líneas de rumbo constante en la navegación marítima sin tener que recalcular cada poco tiempo con la brújula, pero el precio es que deforma los territorios conforme se acercan a los polos.
El propio Lula da Silva lo utilizó en la última cumbre de los BRICS celebrada en Brasil el año pasado para destacar el poderío del Sur Global.
"Lo primero con los mapas es no usar el clásico mapa de Mercator con Europa en el centro. Conceptualmente refuerza la idea de lo importantes que somos. Somos importantes, pero el mapa del mundo con el Indopacífico en el centro nos recuerda conceptualmente dónde se ha trasladado el poder, el dinero, la diplomacia, la inversión y la producción", me dice Tim Marshall, autor de "Prisioneros de la Geografía", desde su despacho plagado de cartografías.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el tradicional mapa de Mercator que proyectaba unos EEUU protegidos a ambos lados por océanos inmensos, quedó obsoleto. Resultó útil en épocas anteriores de navegación, pero ahora era un “peligro mental”, tal y como lo describieron en 1942 en la revista Life.
"El mar del Polo Norte es esencialmente el centro de nuestro mundo", escribió en su artículo Edes Harrison presentando el mapa. A un lado está América del Norte y al otro, Asia y su extensión, Europa. Forman masas continentales triangulares que se extienden hacia el sur. En el norte, las bases de los dos triángulos casi se tocan.
Aquel mapa distorsionaba el sur, pero entonces era el mapa perfecto para entender la guerra. Tuvo un éxito absoluto. El Ejército de EEUU encargó 18.000 ejemplares y el propio Joseph Goebbels lo agitó ante los periodistas como prueba de que Washington tenía la ambición de conquistar el mundo.
De hecho, este mapa lo has visto mucho más de lo que crees y probablemente no has reparado en ello. Es la perspectiva que aparece en el logotipo de la ONU y en el cual ninguna potencia iba a aceptar quedar relegada a la ‘periferia’.
¿Cuántas veces tiene que explicarle a los ciudadanos y periodistas de Estados Unidos que Trump volvería a ser presidente y que su obsesión por esa “gran y preciosa pieza de hielo” volvería más vigente que nunca el mapa de la Segunda Guerra Mundial con Groenlandia en el centro absoluto del mundo?
"Me encantan los mapas y siempre decía: 'mira el tamaño de esto, es enorme y debería formar parte de Estados Unidos", contestó el presidente. "¿Por qué no tenemos eso? Mira el mapa. Yo me dedico al sector inmobiliario. Miro una esquina y digo: 'tengo que conseguir esa tienda para el edificio que estoy construyendo'. Esto no es tan diferente a una operación inmobiliaria. Solo que es un poco más grande, por decirlo suavemente".
¿Querido Trump, ¿cuántas veces tienes que explicarle a los ciudadanos y periodistas de Estados Unidos que Groenlandia no es el paraíso del hielo que imaginan? ¿Acaso piensas que el mundo entero está dispuesto a formar parte de EEUU?
Quiero que hagas un experimento. Si tienes el móvil a mano (no el ordenador), abre Google Maps y aléjate todo lo que te permita la aplicación hasta ver el mundo entero ¿Lo tienes? Es imposible no ver esa "gran y preciosa pieza de hielo", como dijo Trump la semana pasada en su discurso de Davos. Normal que el presidente se sienta atraído: es aproximadamente como África, más grande que todo Latinoamérica y en ella cabrían varios EEUU.
Solamente hay un pequeño problema: ese mapa no es real. Pese a lo que nos dice el móvil, Groenlandia es en realidad 14 veces más pequeña que África y solo en EEUU cabrían 4,5 groenlandias. En realidad, Groenlandia es prácticamente como Arabia Saudí en kilómetros cuadrados. Esto es porque la Tierra es esférica (espero no haberte decepcionado con este detalle) y llevarla a un plano implica necesariamente una deformación de los ángulos.
El mapa que más utilizamos es el realizado por Gerardus Mercator en 1569. Su mapa fue una revolución porque permitía utilizar líneas de rumbo constante en la navegación marítima sin tener que recalcular cada poco tiempo con la brújula, pero el precio es que deforma los territorios conforme se acercan a los polos.
El propio Lula da Silva lo utilizó en la última cumbre de los BRICS celebrada en Brasil el año pasado para destacar el poderío del Sur Global.
"Lo primero con los mapas es no usar el clásico mapa de Mercator con Europa en el centro. Conceptualmente refuerza la idea de lo importantes que somos. Somos importantes, pero el mapa del mundo con el Indopacífico en el centro nos recuerda conceptualmente dónde se ha trasladado el poder, el dinero, la diplomacia, la inversión y la producción", me dice Tim Marshall, autor de "Prisioneros de la Geografía", desde su despacho plagado de cartografías.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el tradicional mapa de Mercator que proyectaba unos EEUU protegidos a ambos lados por océanos inmensos, quedó obsoleto. Resultó útil en épocas anteriores de navegación, pero ahora era un “peligro mental”, tal y como lo describieron en 1942 en la revista Life.
"El mar del Polo Norte es esencialmente el centro de nuestro mundo", escribió en su artículo Edes Harrison presentando el mapa. A un lado está América del Norte y al otro, Asia y su extensión, Europa. Forman masas continentales triangulares que se extienden hacia el sur. En el norte, las bases de los dos triángulos casi se tocan.
Aquel mapa distorsionaba el sur, pero entonces era el mapa perfecto para entender la guerra. Tuvo un éxito absoluto. El Ejército de EEUU encargó 18.000 ejemplares y el propio Joseph Goebbels lo agitó ante los periodistas como prueba de que Washington tenía la ambición de conquistar el mundo.
De hecho, este mapa lo has visto mucho más de lo que crees y probablemente no has reparado en ello. Es la perspectiva que aparece en el logotipo de la ONU y en el cual ninguna potencia iba a aceptar quedar relegada a la ‘periferia’.
¿Cuántas veces tiene que explicarle a los ciudadanos y periodistas de Estados Unidos que Trump volvería a ser presidente y que su obsesión por esa “gran y preciosa pieza de hielo” volvería más vigente que nunca el mapa de la Segunda Guerra Mundial con Groenlandia en el centro absoluto del mundo?