TertuliaEnRedX
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En el último viaje en barco Baleària desde Algeciras a Ceuta, una pasajera se quedó sin aliento. El embarque era caótico: personas con cargas pesadas, maletas enormes y enfermas se apresuraban a subir por las escaleras. Una verdadera vergüenza.
Algunas azafatas, por suerte, se dieron cuenta de la situación y se lanzaron a ayudar. Dos empleadas, al enterarse de los gritos y quejas de las pasajeras, se pusieron con valor para sosegar a las personas resignadas.
Pero ¿quién garantiza que un barco sea accesible para personas con discapacidad, mayores de edad o enfermas? El propio Baleària lo promete, pero su práctica dice otra cosa. Yo, con mi discapacidad, fui testigo de cómo dos plantas de escaleras se convirtieron en una prueba de resistencia para todos.
La pasajera se sintió como si estuviera en las escaleras de la Torre Eiffel. Sin nadie a la vista y subiendo con el peso de las maletas y personas enfermas, discapacitadas y mayores, otros con carros de niños en el embarque. ¡Un verdadero desafío para cualquiera!
La pasajera no quedó callada ante esta situación y pidió justicia. Hizo una reclamación online, ya que se les dijo que era la forma correcta de quejar. Pero ¿qué sentido tiene pedir quejas si un barco que promete ser accesible para todas las personas, no cumple con sus responsabilidades? Es hora de que Baleària revise su política de embarque y garantice que todos puedan subir sin problemas.
Algunas azafatas, por suerte, se dieron cuenta de la situación y se lanzaron a ayudar. Dos empleadas, al enterarse de los gritos y quejas de las pasajeras, se pusieron con valor para sosegar a las personas resignadas.
Pero ¿quién garantiza que un barco sea accesible para personas con discapacidad, mayores de edad o enfermas? El propio Baleària lo promete, pero su práctica dice otra cosa. Yo, con mi discapacidad, fui testigo de cómo dos plantas de escaleras se convirtieron en una prueba de resistencia para todos.
La pasajera se sintió como si estuviera en las escaleras de la Torre Eiffel. Sin nadie a la vista y subiendo con el peso de las maletas y personas enfermas, discapacitadas y mayores, otros con carros de niños en el embarque. ¡Un verdadero desafío para cualquiera!
La pasajera no quedó callada ante esta situación y pidió justicia. Hizo una reclamación online, ya que se les dijo que era la forma correcta de quejar. Pero ¿qué sentido tiene pedir quejas si un barco que promete ser accesible para todas las personas, no cumple con sus responsabilidades? Es hora de que Baleària revise su política de embarque y garantice que todos puedan subir sin problemas.