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¿Qué pasa cuando la relación con tu madre no es buena?
La relación con la madre puede ser un tema complejo y emocional para muchas personas. A menudo, nos creemos que debemos amar a nuestras madres sin condición, pero en realidad, la realidad es más oscura.
Hay una imagen que se repite constantemente en nuestra memoria: la de una madre agotada, organizada, pero también agresiva al volante y dulce con nosotros. Pero ¿qué hay detrás de esta imagen? ¿Qué piensa realmente una madre cuando estamos presentes?
La madre es una figura fundamental en nuestras vidas, pero a menudo nos damos por sentidas sin cuestionarla. ¿Por qué no preguntamos qué se esconde detrás de esa mirada? ¿Por qué no exploramos nuestra relación con ella y descubrimos qué significa ser hija?
Hay días que me doy cuenta de que el carácter de mi madre está moldeado por su hijo. Me levanto y sostengo que quien soy lo conforma la relación con mi padre, nuestros silencios, la admiración, esas concesiones que se ganan los padres haciendo poco. Luego hay otras mañanas en que estoy convencida de que el carácter es moldeado por su madre.
La madre no siempre está allí para nosotros. A veces está ocupada con otros problemas y nos deja solas, a menudo sin explicaciones. Pero ¿por qué no hablamos de esto? ¿Por qué no abrimos este tema y descubramos lo que significa ser hija?
Blanca Lacasa nos recuerda en su ensayo "Las hijas horribles" que "la culpa suele encontrarse indisociablemente unida a la perfección proyectada sobre la figura materna". La madres nos han dado por supuestas, las hemos admirado, rechazado y entendido. Pero ¿cómo podemos entenderla si no cuestionamos su relación?
No hay hijas malas, sino hijas que cortan el cordón umbilical, que se alejan para buscar afectos y cuidados en otros seres. Es hora de reconocer que la madres son personas con sus propias historias y experiencias, y no solo somos su posesión.
Vivian Gornick nos recuerda en su libro "Apegos feroces" que hemos alcanzado un grado de distancia permanente con nuestras madres. Atisbamos los placeres del alejamiento. Este pedacito de espacio nos proporciona la intermitente pero útil emoción resultante de creer que comienzo y termino en mí misma.
En resumen, la relación con nuestra madre puede ser compleja y emocional. Es hora de cuestionarla, entenderla y descubrir qué significa ser hija. No hay más que una madre, pero sí hay muchas experiencias y historias detrás de esa imagen.
La relación con la madre puede ser un tema complejo y emocional para muchas personas. A menudo, nos creemos que debemos amar a nuestras madres sin condición, pero en realidad, la realidad es más oscura.
Hay una imagen que se repite constantemente en nuestra memoria: la de una madre agotada, organizada, pero también agresiva al volante y dulce con nosotros. Pero ¿qué hay detrás de esta imagen? ¿Qué piensa realmente una madre cuando estamos presentes?
La madre es una figura fundamental en nuestras vidas, pero a menudo nos damos por sentidas sin cuestionarla. ¿Por qué no preguntamos qué se esconde detrás de esa mirada? ¿Por qué no exploramos nuestra relación con ella y descubrimos qué significa ser hija?
Hay días que me doy cuenta de que el carácter de mi madre está moldeado por su hijo. Me levanto y sostengo que quien soy lo conforma la relación con mi padre, nuestros silencios, la admiración, esas concesiones que se ganan los padres haciendo poco. Luego hay otras mañanas en que estoy convencida de que el carácter es moldeado por su madre.
La madre no siempre está allí para nosotros. A veces está ocupada con otros problemas y nos deja solas, a menudo sin explicaciones. Pero ¿por qué no hablamos de esto? ¿Por qué no abrimos este tema y descubramos lo que significa ser hija?
Blanca Lacasa nos recuerda en su ensayo "Las hijas horribles" que "la culpa suele encontrarse indisociablemente unida a la perfección proyectada sobre la figura materna". La madres nos han dado por supuestas, las hemos admirado, rechazado y entendido. Pero ¿cómo podemos entenderla si no cuestionamos su relación?
No hay hijas malas, sino hijas que cortan el cordón umbilical, que se alejan para buscar afectos y cuidados en otros seres. Es hora de reconocer que la madres son personas con sus propias historias y experiencias, y no solo somos su posesión.
Vivian Gornick nos recuerda en su libro "Apegos feroces" que hemos alcanzado un grado de distancia permanente con nuestras madres. Atisbamos los placeres del alejamiento. Este pedacito de espacio nos proporciona la intermitente pero útil emoción resultante de creer que comienzo y termino en mí misma.
En resumen, la relación con nuestra madre puede ser compleja y emocional. Es hora de cuestionarla, entenderla y descubrir qué significa ser hija. No hay más que una madre, pero sí hay muchas experiencias y historias detrás de esa imagen.