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Fernando Esteso, el hombre de cinco caras y diez talentos. ¿Por qué lo consideramos como nuestro padre y un villano de Star Wars?
La verdad es que no encontrasteis estrellas que lo coloquen en el Paseo de la fama del cine español. Pero sí un pequeño escudo circular con forma de Estrella de la Muerte, esa estrella que hace que los poderosos de la galaxia se asesinen entre sí. Porque Fernando Esteso fue capaz de cantar jotas como Darth Vader y acojonaba al público con su furor taquillero.
¿Cómo no le dieron una estrella? Lo que más me gusta es el Esteso excesivo, el hombre que antes del cine llenaba teatros y triunfaba en revistas. Era un superdotado capaz de cantar (tenía un gran oído), contar chistes e imitar voces.
Pero lo que nos queda no es poco. Es el eslabón perdido de la España con ganas de marcha que enterraba el franquismo y trasnochaba con el felipismo, aquél que soñaba con jugar al bingo, viajar en avión en turista y ver alguna teta.
Un hombre que se había educado con la formación del espíritu nacional pero que también era un bingó. Esos eran los padres, los nuestros.
"Los bingúeros" fascina porque en ella se pueden estudiar todas las fases que tiene un clásico popular: un éxito de público, una maduración fundada por el desprecio de los intelectuales y una reivindicación que nace de una siguiente generación.
Representó una popularidad carpetovetónica y cero elitista que quiso destruir la Ley Miró. Una industria potente e independiente que sí conectaba con la taquilla. Esa medida política fue lo que alejó durante décadas al público de las salas.
Y yo me acuerdo de conocer a Esteso en 2019. Quedamos en un bingo de Valencia para hacer un reportaje por el 30º aniversario de su película más famosa. En un momento de la entrevista se le acercó una chica y le pidió un autógrafo. No era para ella, sino para su abuela.
Me miró con sus ojos de boxeador triste. "Recuerdo que cuando me disfracé y me puse la peluca me miré en el espejo. ¿Sabes a quién vi?" Me dijo después. Y soltó una gran carcajada que se oyó hasta en el planeta Endor.
La verdad es que no encontrasteis estrellas que lo coloquen en el Paseo de la fama del cine español. Pero sí un pequeño escudo circular con forma de Estrella de la Muerte, esa estrella que hace que los poderosos de la galaxia se asesinen entre sí. Porque Fernando Esteso fue capaz de cantar jotas como Darth Vader y acojonaba al público con su furor taquillero.
¿Cómo no le dieron una estrella? Lo que más me gusta es el Esteso excesivo, el hombre que antes del cine llenaba teatros y triunfaba en revistas. Era un superdotado capaz de cantar (tenía un gran oído), contar chistes e imitar voces.
Pero lo que nos queda no es poco. Es el eslabón perdido de la España con ganas de marcha que enterraba el franquismo y trasnochaba con el felipismo, aquél que soñaba con jugar al bingo, viajar en avión en turista y ver alguna teta.
Un hombre que se había educado con la formación del espíritu nacional pero que también era un bingó. Esos eran los padres, los nuestros.
"Los bingúeros" fascina porque en ella se pueden estudiar todas las fases que tiene un clásico popular: un éxito de público, una maduración fundada por el desprecio de los intelectuales y una reivindicación que nace de una siguiente generación.
Representó una popularidad carpetovetónica y cero elitista que quiso destruir la Ley Miró. Una industria potente e independiente que sí conectaba con la taquilla. Esa medida política fue lo que alejó durante décadas al público de las salas.
Y yo me acuerdo de conocer a Esteso en 2019. Quedamos en un bingo de Valencia para hacer un reportaje por el 30º aniversario de su película más famosa. En un momento de la entrevista se le acercó una chica y le pidió un autógrafo. No era para ella, sino para su abuela.
Me miró con sus ojos de boxeador triste. "Recuerdo que cuando me disfracé y me puse la peluca me miré en el espejo. ¿Sabes a quién vi?" Me dijo después. Y soltó una gran carcajada que se oyó hasta en el planeta Endor.