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La "cutrificación" es un fenómeno que se está apoderando de la economía y del consumo en todo el mundo. En este contexto, algunas marcas se están destacando por tomar un camino diferente, uno que prioriza la calidad, la autenticidad y el respeto por el proceso.
La marca Popeyes es una de ellas. Su enfoque es claro: método, autenticidad y respeto por el proceso. El famoso pollo cajún de la marca se elabora con un tiempo de marinar de 12 horas y se reboza a mano en cada restaurante, siguiendo la receta original.
El proceso importa en Popeyes. El método, los tiempos y la forma de hacer las cosas son parte esencial de su propuesta. Es lo que da sentido a su producto y garantiza una experiencia reconocible en todos sus restaurantes.
La calidad no se da por sentada en Popeyes. Se exige y se reconoce. Cuando un producto está bien hecho, la experiencia cambia. El primer bocado confirma que hay algo distinto, más cuidado, más honesto. Es ahí donde "Así sí, así yes" cobra todo su sentido.
El pollo cajún de Popeyes es una receta que viaja desde Louisiana y se elabora con ingredientes de aquí. Se seleccionan materias primas de diferentes regiones del país, como granjas de Cataluña y Castilla y León para el pollo, aceite de oliva de Jaén, vegetales frescos de Murcia y Navarra, y harina para rebozado de Huesca y Guadalajara.
En un momento en el que casi todo tiende a simplificarse, mantener el proceso también se convierte en una decisión. La satisfacción sencilla pero importante es saber que se ha elegido bien, que esta vez no se ha recortado en lo esencial.
La marca Popeyes es un ejemplo de cómo priorizar la calidad y el respeto por el proceso puede hacer una gran diferencia en la experiencia del consumidor. Su enfoque es único y reconocible, y su producto lo refleja. Es ahí donde "Así sí, así yes" cobra todo su sentido.
La marca Popeyes es una de ellas. Su enfoque es claro: método, autenticidad y respeto por el proceso. El famoso pollo cajún de la marca se elabora con un tiempo de marinar de 12 horas y se reboza a mano en cada restaurante, siguiendo la receta original.
El proceso importa en Popeyes. El método, los tiempos y la forma de hacer las cosas son parte esencial de su propuesta. Es lo que da sentido a su producto y garantiza una experiencia reconocible en todos sus restaurantes.
La calidad no se da por sentada en Popeyes. Se exige y se reconoce. Cuando un producto está bien hecho, la experiencia cambia. El primer bocado confirma que hay algo distinto, más cuidado, más honesto. Es ahí donde "Así sí, así yes" cobra todo su sentido.
El pollo cajún de Popeyes es una receta que viaja desde Louisiana y se elabora con ingredientes de aquí. Se seleccionan materias primas de diferentes regiones del país, como granjas de Cataluña y Castilla y León para el pollo, aceite de oliva de Jaén, vegetales frescos de Murcia y Navarra, y harina para rebozado de Huesca y Guadalajara.
En un momento en el que casi todo tiende a simplificarse, mantener el proceso también se convierte en una decisión. La satisfacción sencilla pero importante es saber que se ha elegido bien, que esta vez no se ha recortado en lo esencial.
La marca Popeyes es un ejemplo de cómo priorizar la calidad y el respeto por el proceso puede hacer una gran diferencia en la experiencia del consumidor. Su enfoque es único y reconocible, y su producto lo refleja. Es ahí donde "Así sí, así yes" cobra todo su sentido.