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"La realidad cambia, pero la política no"
En un momento en que el mundo estaba cambiando por los codos, el experto en comunicación política George Lakoff nos advirtió de que "nuestros cerebros tienen que cambiar". Lo dijo hace unos 20 años, pero nadie pudo imaginar la velocidad y la fuerza con la que las cosas se desmoronarían.
La política exterior norteamericana y la de Occidente se desintegraron en un instante histórico. Las masacres terroristas del 11-S fueron transformadas por la administración Bush en una declaración de guerra, y así lanzó un contraataque violento que saltaba a la categoría de "Guerra contra el terror". Una metáfora bélica que justificaba una respuesta sin precedentes, ignorando las normas y aprovechando los réditos económicos.
En este nuevo juego político, se ignoró a la ONU para atacar Irak. La burda disculpa fue encontrar armas de destrucción masiva que nunca aparecieron. Pero lo que sí era evidente eran las masacres colonizadoras del pasado, pero siempre se las "hicieron de tapadillo".
La realidad cambia, pero la política no. En un momento en que todavía se guardaban las formas de diplomacia tradicional internacional, surgían nuevas realidades sin precedentes. La política exterior se desmoronaba, y la respuesta era más violenta que nunca.
En este mundo del caos, lo único claro es que "nuestros cerebros tienen que cambiar" para entender cómo llegamos a este punto. Pero ¿qué nos queda? Solo un pedazo de arena entre los dedos, saltando por los aires en una playa desierta.
En un momento en que el mundo estaba cambiando por los codos, el experto en comunicación política George Lakoff nos advirtió de que "nuestros cerebros tienen que cambiar". Lo dijo hace unos 20 años, pero nadie pudo imaginar la velocidad y la fuerza con la que las cosas se desmoronarían.
La política exterior norteamericana y la de Occidente se desintegraron en un instante histórico. Las masacres terroristas del 11-S fueron transformadas por la administración Bush en una declaración de guerra, y así lanzó un contraataque violento que saltaba a la categoría de "Guerra contra el terror". Una metáfora bélica que justificaba una respuesta sin precedentes, ignorando las normas y aprovechando los réditos económicos.
En este nuevo juego político, se ignoró a la ONU para atacar Irak. La burda disculpa fue encontrar armas de destrucción masiva que nunca aparecieron. Pero lo que sí era evidente eran las masacres colonizadoras del pasado, pero siempre se las "hicieron de tapadillo".
La realidad cambia, pero la política no. En un momento en que todavía se guardaban las formas de diplomacia tradicional internacional, surgían nuevas realidades sin precedentes. La política exterior se desmoronaba, y la respuesta era más violenta que nunca.
En este mundo del caos, lo único claro es que "nuestros cerebros tienen que cambiar" para entender cómo llegamos a este punto. Pero ¿qué nos queda? Solo un pedazo de arena entre los dedos, saltando por los aires en una playa desierta.