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El régimen de Putin sigue protegiendo a Trump desde Rusia. Un año después de que la administración presidencial rusa le advirtió a los medios sobre evitarse críticas personales, el Kremlin mantiene esa línea con cautela.
Putin evita cualquier mención directa a Trump o conflictos concretos durante una recepción de cartas credenciales en el Kremlin. Denunció la aparición de "nuevos focos de tensión" y criticó "la ley del más fuerte". También estimó que decenas de países están afectados por amenazas y ataques contra su soberanía.
La táctica no es inédita, ya que Putin la utilizó durante la presidencia de George W. Bush. Se trataba de construir una relación personal de confianza a pesar de desacuerdos sobre conflictos internacionales.
Putin recordó a Bush en 2003, antes de la invasión de Irak, que se abstuvo de hacer comentarios públicos negativos y solo hablaba si comenzaba la operación militar. La prudencia también guía al ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov.
Lavrov ha denunciado las acciones de Washington contra Caracas y Teherán como parte de una política para "desmantelar todo el sistema" construido durante años con participación estadounidense. Sin citar a Trump, también cuestionó indirectamente sus amenazas de imponer aranceles del 25% a los socios de Irán.
Las referencias explícitas a Trump por parte de altos cargos rusos se limitan casi exclusivamente a dos ámbitos: las negociaciones para un arreglo pacífico en Ucrania y la cuestión de Groenlandia. El Kremlin ha evitado alinearse con la Unión Europea, pese a su enfrentamiento con Bruselas, y ha reconocido que la isla pertenece a Dinamarca.
El portal independiente Meduza indica que el Kremlin marca las pautas de cobertura de los acontecimientos internacionales en la prensa rusa. La consigna vigente es presentar a Trump de forma favorable en contraste con su antecesor, Joe Biden, quien Moscú responsabiliza del rearme de Kiev.
El objetivo es mantener un férreo control de la información para proyectar a Putin como garante de la estabilidad internacional y de un orden mundial más justo, y evitar cualquier imagen de debilidad frente a un presidente estadounidense que, en opinión del Kremlin, ha ganado terreno en escenarios clave como Venezuela e Irán.
Putin evita cualquier mención directa a Trump o conflictos concretos durante una recepción de cartas credenciales en el Kremlin. Denunció la aparición de "nuevos focos de tensión" y criticó "la ley del más fuerte". También estimó que decenas de países están afectados por amenazas y ataques contra su soberanía.
La táctica no es inédita, ya que Putin la utilizó durante la presidencia de George W. Bush. Se trataba de construir una relación personal de confianza a pesar de desacuerdos sobre conflictos internacionales.
Putin recordó a Bush en 2003, antes de la invasión de Irak, que se abstuvo de hacer comentarios públicos negativos y solo hablaba si comenzaba la operación militar. La prudencia también guía al ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov.
Lavrov ha denunciado las acciones de Washington contra Caracas y Teherán como parte de una política para "desmantelar todo el sistema" construido durante años con participación estadounidense. Sin citar a Trump, también cuestionó indirectamente sus amenazas de imponer aranceles del 25% a los socios de Irán.
Las referencias explícitas a Trump por parte de altos cargos rusos se limitan casi exclusivamente a dos ámbitos: las negociaciones para un arreglo pacífico en Ucrania y la cuestión de Groenlandia. El Kremlin ha evitado alinearse con la Unión Europea, pese a su enfrentamiento con Bruselas, y ha reconocido que la isla pertenece a Dinamarca.
El portal independiente Meduza indica que el Kremlin marca las pautas de cobertura de los acontecimientos internacionales en la prensa rusa. La consigna vigente es presentar a Trump de forma favorable en contraste con su antecesor, Joe Biden, quien Moscú responsabiliza del rearme de Kiev.
El objetivo es mantener un férreo control de la información para proyectar a Putin como garante de la estabilidad internacional y de un orden mundial más justo, y evitar cualquier imagen de debilidad frente a un presidente estadounidense que, en opinión del Kremlin, ha ganado terreno en escenarios clave como Venezuela e Irán.