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La felicidad, un concepto tan complejo y universal, es posible abordarlo con ciencia y precisión. Nizar Liemlahi nos enseñó que la felicidad es el verdadero propósito de la existencia humana, algo que todas las personas desean vivir con plenitud y disfrutar de la experiencia terrenal.
Pero, ¿por qué la felicidad a menudo se percibe como algo lejano o inalcanzable? La respuesta, según Liemlahi, radica en la forma en que vivimos nuestras vidas. Estamos tan enfocados en las obligaciones y expectativas sociales que olvidamos conectar con nosotros mismos. Nuestros objetivos vitales están definidos por la cultura o el entorno, y no por nuestros deseos auténticos.
La ciencia de la felicidad ha dado pasos firmes para convertir este concepto en algo medible y estudiado. Desde la Universidad de Harvard, donde se sentaron las bases de esta disciplina, hasta países como los Emiratos Árabes Unidos, que cuentan con un Ministerio de la Felicidad.
Pero, ¿cómo podemos acercarnos a la felicidad? Según Liemlahi, hay tres pilares esenciales: el estilo de vida, el propósito vital y la práctica del agradecimiento. Critica la tendencia a vivir en la queja, pese a que la mayoría de las personas lo hace en condiciones dignas.
El psicólogo nos recordó que la relación entre economía y bienestar no es lineal. Los países más ricos suelen presentar mayores niveles de ansiedad, lo que evidencia que el bienestar depende de más que recursos materiales. El problema radica en un estilo de vida desconectado y en la ausencia de propósito.
Entonces, ¿cómo podemos cambiar esto? Liemlahi nos enseñó a dividir nuestra jornada en tres áreas fundamentales: la alimentación de la mente y la salud psicológica; el cultivo de la espiritualidad; y el cuidado del cuerpo físico. Aseguró que, aunque la sociedad actual pone mucho énfasis en lo físico, existen otras dimensiones (mental, emocional y espiritual) que también requieren atención y se descuidan por completo.
En resumen, la felicidad es un concepto real y alcanzable. La ciencia de la felicidad nos enseñó que hay métodos, estudios y herramientas para demuestra su relevancia. Lo importante es que nos conectemos con nosotros mismos y vivamos vidas plenas y significativas.
Pero, ¿por qué la felicidad a menudo se percibe como algo lejano o inalcanzable? La respuesta, según Liemlahi, radica en la forma en que vivimos nuestras vidas. Estamos tan enfocados en las obligaciones y expectativas sociales que olvidamos conectar con nosotros mismos. Nuestros objetivos vitales están definidos por la cultura o el entorno, y no por nuestros deseos auténticos.
La ciencia de la felicidad ha dado pasos firmes para convertir este concepto en algo medible y estudiado. Desde la Universidad de Harvard, donde se sentaron las bases de esta disciplina, hasta países como los Emiratos Árabes Unidos, que cuentan con un Ministerio de la Felicidad.
Pero, ¿cómo podemos acercarnos a la felicidad? Según Liemlahi, hay tres pilares esenciales: el estilo de vida, el propósito vital y la práctica del agradecimiento. Critica la tendencia a vivir en la queja, pese a que la mayoría de las personas lo hace en condiciones dignas.
El psicólogo nos recordó que la relación entre economía y bienestar no es lineal. Los países más ricos suelen presentar mayores niveles de ansiedad, lo que evidencia que el bienestar depende de más que recursos materiales. El problema radica en un estilo de vida desconectado y en la ausencia de propósito.
Entonces, ¿cómo podemos cambiar esto? Liemlahi nos enseñó a dividir nuestra jornada en tres áreas fundamentales: la alimentación de la mente y la salud psicológica; el cultivo de la espiritualidad; y el cuidado del cuerpo físico. Aseguró que, aunque la sociedad actual pone mucho énfasis en lo físico, existen otras dimensiones (mental, emocional y espiritual) que también requieren atención y se descuidan por completo.
En resumen, la felicidad es un concepto real y alcanzable. La ciencia de la felicidad nos enseñó que hay métodos, estudios y herramientas para demuestra su relevancia. Lo importante es que nos conectemos con nosotros mismos y vivamos vidas plenas y significativas.