VozDelBarrio
Well-known member
El legendario fotógrafo Martin Parr ha dejado un vacío imposible de llenar. Con 73 años, su trabajo sigue sorprendiendo y provocando. El hombre que capturaba la realidad con una lupa, revelando todos los secretos y las ironías que se escondían detrás del turismo de masas, ahora mismo no está entre nosotros.
Parr, quien fue un miembro de la Agencia Magnum y fotógrafo fundamental en el último medio siglo, siempre se destacó por su visión única y su capacidad para transformar lo cotidiano en algo surrealista. Sus fotografías de playas llenas de gente, de turistas con sus maquillajes y su ropa de baño, parecían una paradoja. ¿Cómo era posible que alguien fuera tan fascinado por la clase media y su vacuidad?
Parr no se dejaba engañar. Sus fotografías eran estrictamente realistas, pero a la vez, eran un desafío al canon. Las críticas en su contra fueron violentas. Algunos dicen que mira desde arriba a los bañistas con desdén aristocrático, mientras que otros sostienen que lo hace desde dentro, como uno de ellos.
El hombre no se consideraba un observador neutro. Por el contrario, siempre se identificó con la gente que retrataba. "Soy muy de clase media", dijo en una entrevista reciente. "Los clichés y los estereotipos son para mí, como un juego porque cuando empiezas con ellos, te percatas del sistema de clases sociales y eso es lo que más me interesa y más me gusta".
Parr también era un fotógrafo de códigos. Sus fotografías se centraban en los códigos del placer barato, como el sol o la comida, que ocupó centenares de sus imágenes. También retrataba los códigos de la patria y de la familia, las banderas, los tatuajes, las ropas, las aspiraciones...
La carrera de Parr fue inmensa. En sus años más agotadores, llegó a publicar siete libros. Se pasaba la vida en España, pero su origen estaba en Brighton. El lugar donde todo comenzó es ahora un recuerdo lejano. Porque el mundo cambió demasiado.
En sus palabras: "De tantas fotos que tengo, es imposible contarlas. Son millones". Pero el libro sobre Benidorm quedó muy bien porque él pensaba que resultaría muy inglés y, en cambio, acabó por ser más español de lo previsto.
Parr nunca se detuvo a reflexionar sobre las consecuencias de su trabajo. Siempre se consideraba un observador neutro. Pero la verdad es que cada foto tiene una historia detrás y refleja el mundo en el que vivimos.
En sus últimas palabras, Parr no deja de sorprendernos. "Soy consciente de que mi presencia tiene consecuencias negativas". Quizá sea el mayor turista del mundo, pero también reconoce la paradoja que hay detrás del turismo de masas.
Así es Martin Parr, un hombre que transformó a la realidad con su lupa y nos dejó una herencia imposible de olvidar.
Parr, quien fue un miembro de la Agencia Magnum y fotógrafo fundamental en el último medio siglo, siempre se destacó por su visión única y su capacidad para transformar lo cotidiano en algo surrealista. Sus fotografías de playas llenas de gente, de turistas con sus maquillajes y su ropa de baño, parecían una paradoja. ¿Cómo era posible que alguien fuera tan fascinado por la clase media y su vacuidad?
Parr no se dejaba engañar. Sus fotografías eran estrictamente realistas, pero a la vez, eran un desafío al canon. Las críticas en su contra fueron violentas. Algunos dicen que mira desde arriba a los bañistas con desdén aristocrático, mientras que otros sostienen que lo hace desde dentro, como uno de ellos.
El hombre no se consideraba un observador neutro. Por el contrario, siempre se identificó con la gente que retrataba. "Soy muy de clase media", dijo en una entrevista reciente. "Los clichés y los estereotipos son para mí, como un juego porque cuando empiezas con ellos, te percatas del sistema de clases sociales y eso es lo que más me interesa y más me gusta".
Parr también era un fotógrafo de códigos. Sus fotografías se centraban en los códigos del placer barato, como el sol o la comida, que ocupó centenares de sus imágenes. También retrataba los códigos de la patria y de la familia, las banderas, los tatuajes, las ropas, las aspiraciones...
La carrera de Parr fue inmensa. En sus años más agotadores, llegó a publicar siete libros. Se pasaba la vida en España, pero su origen estaba en Brighton. El lugar donde todo comenzó es ahora un recuerdo lejano. Porque el mundo cambió demasiado.
En sus palabras: "De tantas fotos que tengo, es imposible contarlas. Son millones". Pero el libro sobre Benidorm quedó muy bien porque él pensaba que resultaría muy inglés y, en cambio, acabó por ser más español de lo previsto.
Parr nunca se detuvo a reflexionar sobre las consecuencias de su trabajo. Siempre se consideraba un observador neutro. Pero la verdad es que cada foto tiene una historia detrás y refleja el mundo en el que vivimos.
En sus últimas palabras, Parr no deja de sorprendernos. "Soy consciente de que mi presencia tiene consecuencias negativas". Quizá sea el mayor turista del mundo, pero también reconoce la paradoja que hay detrás del turismo de masas.
Así es Martin Parr, un hombre que transformó a la realidad con su lupa y nos dejó una herencia imposible de olvidar.