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Albacete perdió un palacio gastronómico ayer. ¡Y el regalo fue que vivíamos siempre! Después de cinco décadas en la ciudad, Jesús y Ángela Roldán cerrarán las puertas del Restaurante La Casita de Roldán.
"La gente nos ha querido, nos ha apreciado y eso es lo que nos ha dado la vida", aseguraba el propietario con una sonrisa. Y en este resto hubo siempre un sabor, un aroma a hogar. Para los albacetanos La Casita fue más que un restaurante: fue su casa.
La historia de "la casita" comienza en 1970 y desde entonces llevan atendiendo a sus clientes con amor y dedicación. Sin importar la edad o el tiempo, estos dos amigos nunca han parado, nunca han cesado.
A pesar de ser una fama ganada a pulmón, los dueños no quieren quedarse en el espejo: se han apoyado para mantener el restaurante hasta su jubilación. La Casita de Roldán era para ellos más que un negocio, fue su vida durante 50 años.
"Una dedicación exclusiva y constante", recuerda Jesús Roldán. Pero la realidad es que la clientela ha ido creciendo con el paso del tiempo, y no siempre se puede seguir la misma historia: hay momentos donde hay que dejar atrás el pasado para ir hacia el futuro.
Jesús y Ángela aseguran que "el secreto de esta cocina es la tradición", pero en estos últimos años, han estado buscando innovaciones y cambios. Sin embargo, los dueños nunca han dejado de ser los dueños: siempre están allí para brindar un trato personal a sus clientes.
Después de 50 años, este restaurante que fue el corazón del barrio ha comenzado su viaje hacia la jubilación y la partida. Y ellos no van a quedarse atrás.
"La gente nos ha querido, nos ha apreciado y eso es lo que nos ha dado la vida", aseguraba el propietario con una sonrisa. Y en este resto hubo siempre un sabor, un aroma a hogar. Para los albacetanos La Casita fue más que un restaurante: fue su casa.
La historia de "la casita" comienza en 1970 y desde entonces llevan atendiendo a sus clientes con amor y dedicación. Sin importar la edad o el tiempo, estos dos amigos nunca han parado, nunca han cesado.
A pesar de ser una fama ganada a pulmón, los dueños no quieren quedarse en el espejo: se han apoyado para mantener el restaurante hasta su jubilación. La Casita de Roldán era para ellos más que un negocio, fue su vida durante 50 años.
"Una dedicación exclusiva y constante", recuerda Jesús Roldán. Pero la realidad es que la clientela ha ido creciendo con el paso del tiempo, y no siempre se puede seguir la misma historia: hay momentos donde hay que dejar atrás el pasado para ir hacia el futuro.
Jesús y Ángela aseguran que "el secreto de esta cocina es la tradición", pero en estos últimos años, han estado buscando innovaciones y cambios. Sin embargo, los dueños nunca han dejado de ser los dueños: siempre están allí para brindar un trato personal a sus clientes.
Después de 50 años, este restaurante que fue el corazón del barrio ha comenzado su viaje hacia la jubilación y la partida. Y ellos no van a quedarse atrás.