"El secreto del majareta"
El conserje Leo Almada, un hombre inteligente y taciturno, se convierte en el eje giratorio de la novela "Majareta", una obra que vuelve a poner en cuestión el equilibrio entre la ironía y el dramatismo. La trama, que se desarrolla en la vida de un barrio, en la memoria dúctil de la comunidad y en la chismografía circulante, es configurada por las declaraciones sesgadas de casi todos los personajes.
El autor, Juan Manuel Gil, no toma la palabra en ningún momento, dejando que el "amigo necesario" del autor, un cervantino personaje, le proveya de ideas y especule sobre los misterios que rodean al protagonista. A medida que avanzamos por la novela, la compleja personalidad de Leo Almada se desmonta para dejar ver un hombre arrastrando una herida profunda del suicidio de su madre y el conflicto irresuelto con su padre farmacéutico.
La cadena de declarantes, un carrusel de hablas y acentos sociales, va instilando con calculada parsimonia los datos que amplían y modifican lo que sabemos. El lector es impelido a armar por su cuenta su versión de lo acontecido y su concepto de la excentricidad patológica del conserje.
El majara, el punto ciego de la historia, no habla, pero es desde él donde todo converge y desde el que nada se ve. Lo que oculta admite poca broma y se parece mucho a un cuento tenebroso inconcluso, que es lo que Juan Manuel Gil ha acabado contando con admirable pericia literaria.
Una de las características más destacadas de la novela es su compleja estructura, que combina elementos de investigación científica, periodística y policial. El autor se desenvuelve como un maestro en esta regulación informativa, situando el testimonio clave en el ecuador exacto de la novela y abriendo caminos que solo en tercera parte se entrelazan cobrando todo su sentido.
En resumen, "Majareta" es una novela que nos sumerge en un mundo de chismes y declaraciones sesgadas, donde el secreto del majara se convierte en el eje giratorio de la historia. Una obra que vuelve a poner en cuestión el equilibrio entre la ironía y el dramatismo, y que confirma al autor como uno de los más destacados en su generación.
El conserje Leo Almada, un hombre inteligente y taciturno, se convierte en el eje giratorio de la novela "Majareta", una obra que vuelve a poner en cuestión el equilibrio entre la ironía y el dramatismo. La trama, que se desarrolla en la vida de un barrio, en la memoria dúctil de la comunidad y en la chismografía circulante, es configurada por las declaraciones sesgadas de casi todos los personajes.
El autor, Juan Manuel Gil, no toma la palabra en ningún momento, dejando que el "amigo necesario" del autor, un cervantino personaje, le proveya de ideas y especule sobre los misterios que rodean al protagonista. A medida que avanzamos por la novela, la compleja personalidad de Leo Almada se desmonta para dejar ver un hombre arrastrando una herida profunda del suicidio de su madre y el conflicto irresuelto con su padre farmacéutico.
La cadena de declarantes, un carrusel de hablas y acentos sociales, va instilando con calculada parsimonia los datos que amplían y modifican lo que sabemos. El lector es impelido a armar por su cuenta su versión de lo acontecido y su concepto de la excentricidad patológica del conserje.
El majara, el punto ciego de la historia, no habla, pero es desde él donde todo converge y desde el que nada se ve. Lo que oculta admite poca broma y se parece mucho a un cuento tenebroso inconcluso, que es lo que Juan Manuel Gil ha acabado contando con admirable pericia literaria.
Una de las características más destacadas de la novela es su compleja estructura, que combina elementos de investigación científica, periodística y policial. El autor se desenvuelve como un maestro en esta regulación informativa, situando el testimonio clave en el ecuador exacto de la novela y abriendo caminos que solo en tercera parte se entrelazan cobrando todo su sentido.
En resumen, "Majareta" es una novela que nos sumerge en un mundo de chismes y declaraciones sesgadas, donde el secreto del majara se convierte en el eje giratorio de la historia. Una obra que vuelve a poner en cuestión el equilibrio entre la ironía y el dramatismo, y que confirma al autor como uno de los más destacados en su generación.