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Lo que queda de la herida
En el umbral del siglo, una sociedad se ha cuarteado. La economía, una vez un motor indomable, ahora se tambalea. El pasado incide directamente en la actualidad, y las decisiones políticas toman forma en el futuro.
Las estadísticas hablan de un descenso vertiginoso. Las curvas que una vez ascendieron con fuerza ahora abandonan la línea ascendente. Declives que aún no se han logrado revertir. La natalidad, los salarios reales, la salud mental y las inversiones públicas en vivienda y infraestructuras ferroviarias... Todos están afectados.
Ningún partido político está exento de responsabilidad en este desastre económico. Capacidad o voluntad política, depende de quién se mire. La incapacidad a tomar decisiones que hayan revertido la situación totalmente y la voluntad política de priorizar la descalificación del adversario antes que el servicio a la ciudadanía solo han empeorado la herida.
Más de tres millones de personas en España, casi un millón en Catalunya. La población no deja de crecer, y las carencias se profundizan. Falsas promesas y políticas cuitas solo han aumentado el malestar. El abandono es la sensación persistente mientras la desigualdad no deja de agravarse.
En este estado de crisis, hay un hombre que se convirtió en un parado de larga duración cuando fue despedido en 2010. Una mujer que vio truncada su carrera. Un recién incorporado al mercado laboral en condiciones precarias... Todos senten emociones muy parecidas. La ansiedad, la depresión y el malestar físico son los acompañantes constantes de este estado.
El sistema se ha vuelto insoportablemente deficiente. El servicio a la ciudadanía solo es un recuerdo lejano. La rodalia, una vez un símbolo de eficiencia y comodidad, ahora es un recuerdo del pasado incómodo. El aumento de ansiedad, depresión y malestar físico es el resultado directo de este abandono.
En la actualidad, las decisiones políticas toman forma en el futuro. La determinación política de quién se coloca en el foco de la acción será el motor que impulsa el cambio. Pero para muchos, ya es demasiado tarde. La herida no ha sanado, y el dolor sigue latente.
En el umbral del siglo, una sociedad se ha cuarteado. La economía, una vez un motor indomable, ahora se tambalea. El pasado incide directamente en la actualidad, y las decisiones políticas toman forma en el futuro.
Las estadísticas hablan de un descenso vertiginoso. Las curvas que una vez ascendieron con fuerza ahora abandonan la línea ascendente. Declives que aún no se han logrado revertir. La natalidad, los salarios reales, la salud mental y las inversiones públicas en vivienda y infraestructuras ferroviarias... Todos están afectados.
Ningún partido político está exento de responsabilidad en este desastre económico. Capacidad o voluntad política, depende de quién se mire. La incapacidad a tomar decisiones que hayan revertido la situación totalmente y la voluntad política de priorizar la descalificación del adversario antes que el servicio a la ciudadanía solo han empeorado la herida.
Más de tres millones de personas en España, casi un millón en Catalunya. La población no deja de crecer, y las carencias se profundizan. Falsas promesas y políticas cuitas solo han aumentado el malestar. El abandono es la sensación persistente mientras la desigualdad no deja de agravarse.
En este estado de crisis, hay un hombre que se convirtió en un parado de larga duración cuando fue despedido en 2010. Una mujer que vio truncada su carrera. Un recién incorporado al mercado laboral en condiciones precarias... Todos senten emociones muy parecidas. La ansiedad, la depresión y el malestar físico son los acompañantes constantes de este estado.
El sistema se ha vuelto insoportablemente deficiente. El servicio a la ciudadanía solo es un recuerdo lejano. La rodalia, una vez un símbolo de eficiencia y comodidad, ahora es un recuerdo del pasado incómodo. El aumento de ansiedad, depresión y malestar físico es el resultado directo de este abandono.
En la actualidad, las decisiones políticas toman forma en el futuro. La determinación política de quién se coloca en el foco de la acción será el motor que impulsa el cambio. Pero para muchos, ya es demasiado tarde. La herida no ha sanado, y el dolor sigue latente.